Campo
JAPI, EL GUSANO FELIZ
Había una vez, una comunidad de gusanos que vivían bajo tierra. El mayor deseo de cualquier gusano era poder salir a la superficie y ver la luz. El rey de los gusanos era el encargado de llegar a la superficie y que todos pudieran ver la luz.
El rey de los gusanos daba un discurso cada mes, en el que contaba las novedades del reino. Pero siempre les decía lo mismo a sus súbditos: “Queridos gusanos, este es un año malo, seguimos bajo tierra y este año tampoco veremos la luz…“, decía mientras estaba sentado en su trono sin moverse.
Los gusanos después de oír el discurso del rey gusano, se iban al bar a comentar sus penas, y a hablar de esta tremenda crisis que están pasando…
De lo que no se daban cuenta los gusanos es que llevaban metidos en esa crisis desde que nacieron, ya que nunca se habían propuesto de verdad salir al exterior y ver la luz.
Pero uno de los gusanos, llamado Japi, pensó por sí mismo y dijo ...seguir leyendo este cuento corto »
EL CAMPO DE SOJA
Había una vez un pueblo pequeñito, cuyos habitantes se dedicaban a cultivar el campo y recoger los cereales que más tarde crecían.
Uno de los agricultores, llamado Pepe, estaba harto de cultivar trigo, porque al venderlo, recibía poco dinero por ello, y apenas le llegaba para vivir.
Un buen día, Pepe estaba en el supermercado del pueblo, y vio una cosa que le llamó la atención: además de envases de leche normales de toda la vida, había unas cajas donde ponía “leche de soja“.
El sabía lo que era la soja, pero desconocía que sirviese para hacer leche… Así que se puso a investigar, y descubrió que ...seguir leyendo este cuento corto »
LA CONEJA CHIPA
Había una vez una coneja llamada Chipa que vivía en una casita en el medio del campo donde tenía su propia huerta.
Todas las mañanas apenas amanecía Chipa salía con su sombrero de paja y su jardinero rosado hacia su pequeña huerta.
A ella le encantaban todo tipo de verduras pero en especial las zanahorias, por eso desde temprano trabajaba en su huerta sembrando sus propios alimentos.
Una mañana temprano Chipa se levanto y decidió ir a recoger unas verduras de su huerta para desayunar con unas crocantes zanahorias. Pero que gran sorpresa se llevó!! al ver que en su pequeña huerta casi no había quedado nada de lo que sembró.
- ¡¡ Oh, no !!, ¿mi huerta, mis verduras, donde están?.
Chipa aún no sabía que en el campo andaban revoloteando unos pequeños bichitos de varios colores llamados señores candombés. Estos bichitos se diferenciaban por su color de cuerpo o lomo.
Chipa triste agarró las pocas zanahorias, las colocó en su canasta de paja y por un largo caminito se marchó hasta su casita. De repente detrás de ella aparecieron esos pequeños bichitos con lomos de distintos colores que volaban bajo, y estaban por comerles las pocas zanahorias que llevaba en su canasta. Los bichitos candombés eran muy angurrientos y comían de todo.
De repente Chipa comenzó a oír ruidos detrás de ella y se paro diciendo:
- ¡Oh no! , ¿quienes son ustedes? ¿qué quieren de mi ? ¿Acaso ustedes vaciaron mi huerta?
- ¡Somos los señores candombés!
-Yo me llamo lomo verde y acercándose dijo: ¡Dame una de esas … se ven deliciosas ! ¡No tocamos tu huerta! – exclamaron los bichitos. ...seguir leyendo este cuento corto »
LA JIRAFA COTILLA
Érase una vez, una jirafa que vivía en la sabana africana. Se llamaba Cotilleja, y hacía honor a su nombre, ya que siempre andaba mirando por encima de los árboles para enterarse de lo que pasaba a su alrededor. Cotilleja era toda una jirafa cotilla.
Un día, asomó su cabeza entre los árboles y vio como un león le daba un beso a una cebra.. ¡Cotilleja se quedó paralizada, nunca había visto nada igual!
Fue a contárselo a sus amigas y les dijo: “Amigas, tengo que contados algo espeluznante… hace un momento vi a un león dándole un beso a una cebra! Y yo creo que son novios!!”
Las amigas, horrorizadas gritaron: ” ¡Qué indecencia! Juzguémosles para que vayan a la cárcel!!” ...seguir leyendo este cuento corto »
EL SUEÑO DE ELENA
Elena y Diego eran dos hermanos que vivían en una casita en lo alto del bosque.
Vivían allí porque su padre Juan se dedicaba a cuidar del bosque, plantaba árboles, cogía la resina que salía de ellos, limpiaba las ramas del suelo y las usaba para calentarse en el invierno, daba de comer a los animales… y muchas cosas más.
Juan disfrutaba mucho viviendo en el bosque y contribuyendo con su trabajo a que este planeta nuestro, el planeta Tierra, fuera un lugar cada vez más habitable y más limpio para todos sus habitantes, y también para las generaciones futuras.
Pero Diego y sobre todo Elena, no estaban tan contentos de vivir en el bosque tan lejos de sus amigos, de las tiendas donde poder comprarse chuches, y de todas las atracciones que hay en la ciudad.
Un caluroso día de verano, Elena se durmió después de comer y empezó a soñar. Un hada apareció junto a ella y le dijo:
- Hola Elena, yo soy tu hada madrina y te puedo conceder un deseo si tú quieres.
La cara de Elena de pronto se llenó de alegría y sin pensárselo dos veces le contó cuál era su sueño, quería vivir en la ciudad, como tantos otros niños para poder ir al circo, al teatro, y poder comprarse muchas chuches, casi todos los días.
El hada madrina la escuchaba con mucha atención, y después de reflexionar un tiempo, que a Elena le pareció eterno, le dijo: ...seguir leyendo este cuento corto »
MANUEL, EL PASTOR DE OVEJAS
La historia de Manuel, es una historia muy simple. Tan simple, que casi nadie se ha percatado de ella. Ni él mismo. Pero hoy os la voy a contar porque yo creo que todas las historias merecen ser contadas.
Manuel es un señor ya muy mayor que nació en un pueblecito muy pequeño del norte de España. Allí nació, se crió, fue a la escuela, más tarde se puso a trabajar en el oficio que le legó su padre, y a éste el suyo, y a éste su padre, y a este el suyo… que es pastor de ovejas. Claro, las ovejas no eran las mismas que las de sus antepasados, pero si el mismo campo donde pastaban, las taínas donde se guardaban por la noche y hasta los grandes pilones donde bebían el agua que había en varios puntos de los caminos.
Fue pasando el tiempo y Manuel encontró una buena mujer –también de su pueblo-, se enamoró, y se casó con ella, y claro se instalaron a vivir en su querido pueblo del que nunca hasta entonces había salido excepto para cumplir el servicio militar, que en aquella época era obligatorio. Aunque tuvo la suerte de que lo tocó en una provincia limítrofe con la suya y siempre que podía, se iba a descansar y a ver a los suyos a su pueblo.
Y Manuel y su mujer tuvieron 2 hijos, que se criaron también en el pueblo, y fueron a la misma escuela, pero a diferencia de Manuel, ninguno de sus dos hijos quisieron seguir el oficio de sus antepasados y prefirieron, cuando fueron mayores, trasladarse a la ciudad para estudiar y prepararse para un oficio diferente.
Además a los dos les gustaba mucho viajar, por lo que recorrían pueblos y ciudades, y hasta países y disfrutaban mucho de ello.
Cuando iban a ver a sus padres, les contaban todo eso y Manuel se enfurecía mucho porque creía que sus hijos tenían que seguir manteniendo la tradición familiar, y desempeñar el mismo oficio que él, que a su vez había sido el de su padre, su abuelo, su bisabuelo, y así…hasta no sabía donde empezaba la tradición. ...seguir leyendo este cuento corto »
PEDRO Y EL LOBO
Érase una vez un pastorcillo que vivía en un pueblo cerca del bosque.
El pastorcillo se llamaba Pedro, y todas las mañanas sacaba a pasear a su rebaño de ovejas por el campo, cerca del pueblo.
Pasaba tanto tiempo en el campo, que se aburría muchísimo, y ya no sabía que hacer para divertirse un poco y pasar el rato.
Estuvo pensando en unos cuantos juegos, y al final se decidió a divertirse a costa de los vecinos del pueblo.
Un día por la mañana, cuando Pedro pasaba cerca del pueblo, empezó a gritar: “Que viene el lobo!! El lobo!! Socorro!!”
Los vecinos, alarmados al oír los gritos de Pedro, corrieron a socorrerle, pero cuando llegaron al lugar, se encontraron con Pedro riéndose a carcajadas y diciendo: “Qué tontos!! Se lo han creído!! Jajaja!“.
Los vecinos enfadados, volvieron al pueblo sin dirigirle la palabra a Pedro, porque ellos se habían preocupado por él y en realidad se trataba de una broma de mal gusto.
Al día siguiente, Pedro volvió a gritar lo mismo: “Que viene el lobo!! Socorro, mis ovejas… se las come!!“. Los vecinos del pueblo le oyeron gritar y algunos de ellos, ya no le creyeron, sin embargo otros, pensando que podía haber sido una casualidad, corrieron a ayudarle porque Pedro podría correr peligro.
Cuando llegaron a donde se encontraba Pedro, volvieron a ver la misma imagen, Pedro tronchándose de risa y gritando: “Otra vez os he engañado!! Jajaja!!”
EL CERDITO VALIENTE Y SU AMIGA LA MOFETA
El día que Pinki, nuestro amigo el cerdito valiente, llegó a la granja de Bimbo, a parte de estar como un flan de los nervios, por conocer a los nuevos animales con los que iba a vivir, conoció a alguien muy especial de la granja, la mofeta.
Cuando Bimbo, le presentó a la mofeta, la cara del cerdito no podía ser más expresiva, a pesar de que él tampoco olía a rosas, la mofeta era aún peor que él, “uffff qué mal huele esta mofeta” pensó Pinki.
Después de varios días, Pinki ya era uno más de la familia en la granja de Bimbo, además había salvado a las ovejas de las garras del lobo, por lo que todos le habían cogido mucho cariño al cerdito.
Un día, cuando Pinki estaba terminando de comer, empezó a notar un olor muy malo que cada vez era más intenso… justo! la mofeta se estaba acercando hacia el cerdito!
“Hola Pinki, ¿cómo estás?“, le preguntó la mofeta al cerdito.
“Hola mofeta, estoy bien, comiendo…“, le respondió casi aguantando la respiración.
Pinki, el cerdito valiente, no sabía si decirle a la mofeta que olía muy mal, porque pensaba que podría hacerle sentir mal, pero de repente lo soltó: “Mofeta no quiero que te enfades conmigo por lo que te voy a decir, pero…es que hueles un poco mal“.
En ese momento, la mofeta se quedó paralizada por lo que acababa de decirle el cerdito, pero pasados unos instantes, le respondió: “ya lo sé, pero es que nosotras las mofetas olemos así de mal, yo no sé que hacer para que la gente de mi alrededor no se aleje de mí, por el mal olor que desprendo“.
El cerdito se quedó pensando cómo podría ayudar a su amiga la mofeta a resolver este problema, y en ese momento tubo una idea.
“Mofeta ya sé la solución, tenemos que pedirle un ambientador a Bimbo, y te lo colgaremos del collar, así nunca más volverás a oler mal“, le dijo el cerdito valiente entusiasmado.
Así fue como el cerdito valiente de la granja ayudó a su amiga la mofeta a resolver su problema, y así la mofeta fue feliz para siempre.
FIN
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GREÑA, LA CIGÜEÑA PEQUEÑA
Érase una vez una cigüeña llamada Greña, que vivía en lo alto de un campanario, en un pequeño pueblo de España, llamado Malpartida de Cáceres.
En Malpartida de Cáceres había tantas cigüeñas que, unos señores, lo nombraron como el pueblo con más cigüeñas de todo el mundo.
Así pues, Greña, tenía muchas amiguitas y amiguitos en el pueblo, y jugaba con ellos casi todo el día. Aunque siempre estaba pendiente de que no hubiera ningún problema en Malpartida.
Cada media hora, Greña daba vueltas por encima del campanario para divisar que todo fuera bien, era una cigüeña muy preocupada por su pueblo.
Greña era la cigüeña más pequeña de todas, pero nadie se burlaba de ella, porque era una de las cigüeñas más valientes de toda la localidad de Malpartida.
En el pueblo todos eran felices con las cigüeñas, … bueno, todos … menos una persona…, el ganadero.
El ganadero se quejaba de que las cigüeñas, al ser tan grandes, espantaban al ganado y todos los días se le escapaba de su establo alguna oveja o una vaca.
Greña se enteró de esto y fue a hablar con las vacas y ovejas del ganadero, a las que les dijo: “Vacas y ovejas, ¿por qué os asustáis cuando veis una cigüeña grande sobrevolar vuestro establo?”
A lo que una vaca contestó: “Porque pensamos que viene a por nosotras. Son tan grandes que nos dan miedo, pero tú eres diferente, eres más pequeña y no nos asusta tu presencia“.
Entonces Greña les dijo: ...seguir leyendo este cuento corto »
LA SERVILLETA ROSA Y EL NIÑO DEL CAMPING
Érase una vez, un camping en el que pasaban las vacaciones muchos niños y niñas con sus padres.
Uno de esos niños, llamado Juan Carlos, se alojaba en una tienda de campaña muy grande, junto con sus 4 hermanos.
Juan Carlos era distinto porque no le gustaban las cosas normales que le gustaban a los chicos. No le gustaba el fútbol, no le gustaban los coches, y otras muchas cosas de chicos. Y, aunque sí le gustaban las chicas, en el camping siempre le decían que parecía una niña porque no jugaba al fútbol…
En el camping, Juan Carlos, tenía un amuleto muy especial: una servilleta rosa que llevaba siempre en el bolsillo.
Nadie sabía por qué la llevaba, y un día, un niño vio como Juan Carlos cogía la servilleta rosa de su bolsillo y la olía. Cuando el niño vio eso, gritó: “Juan Carlos es una niña!! Le gusta el color rosa!!”
Juan Carlos se giró a todos los niños y les dijo: “No, no soy una niña, esto es una servilleta que utilicé para limpiarme de algodón dulce el mejor día de mi vida, y la servilleta acabó coloreándose de rosa. Ese día fue cuando mis padres me llevaron al parque de atracciones y nos lo pasamos genial.”
“Cuando estoy triste me sirve para acordarme de ese día y volver a alegrarme.”
“¿Tú tienes algún objeto que te recuerde un momento feliz de tu vida?”
Todos los niños se quedaron con la boca abierta, y se acercaron a oler la servilleta que se había coloreado de rosa por el azúcar, para ver lo bien que olía.
El resto de niños del camping aprendieron que las apariencias engañan, y que no hay que dejarse guiar sólo por lo que ven sus ojos.
Tienes que conocer por dentro a una persona para saber cómo es.
FIN
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