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Cuentos de Esfuerzo

SEBAS, EL NUMERO UNO

Aunque Sebas era un poco lento y le costaba mucho tiempo llegar a todos los sitios, él era muy trabajador y perseverante.

Cuando Sebas era un caracol muy pequeñín, siempre iba de la mano de su mamá de camino al colegio. El cole estaba a sólo 2 metros de su casa, y aún así tardaban más de una hora en llegar.

Sin embargo, para Sebas, el pequeño caracol, era el mejor momento del día, pues para alegrar la mañana a su mamá la caracola, iba cantando todo el camino.

Cuento Sebas el numero uno

Desde muy pequeño, Sebas se había distinguido del resto de los caracoles, en que cuando salía el sol, en lugar de salir a la calle para sacar los cuernos al sol y pasarse las horas muertas sin hacer nada, Sebas, se quedaba encerrado en su habitación cantando una y otra vez.

Pero en el país de los caracoles donde él vivía, no era muy valorado, de hecho le veían como a un bicho raro…

Así que cuando Sebas cumplió 18 años, cogió su maleta y se marchó al país de la esperanza, para poder ser lo que siempre había soñado, ser cantante.

Sebas tardó mucho tiempo en llegar al país de la esperanza, y una vez allí intentó hacer realidad su sueño, pero no pudo ser… ...seguir leyendo este cuento corto »

LA FIESTA DE CUMPLEAÑOS DE MARTIN

Ya quedaba muy poco tiempo para que llegara el gran día de Martín, un niño muy juguetón al que todo el mundo quería, pues era un niño encantador y bondadoso con los demás, la fiesta de su cumpleaños.

Martín iba a cumplir 8 años, y desde hacía unos meses, sólo pensaba en lo bien que se lo pasaría con sus amigos en la fiesta de cumpleaños que organizarían en el jardín de su casa. Y es normal, porque sus padres le organizaban una fiesta por todo lo alto. Venían payasos, malabaristas, e incluso ponían dos camas elásticas para que Martín y sus amigos se lo pasaran en grande dando saltos sin parar.

Pero lo que Martín no sabía es que este año sus padres no podrían organizarle ese tipo fiesta, pues se habían gastado sus ahorros en comprar un coche nuevo.

Los padres de Martín no querían desilusionarle, y no paraban de pensar y pensar, en cómo organizar una fiesta de cumpleaños más humilde; sin payasos, ni malabaristas, ni colchonetas… pero que Martín nunca la olvidara. Después de varios días, los padres de Martín tuvieron una idea.

Se pusieron en contacto con todos los amigos de Martín, explicándoles que necesitaban su ayuda para que Martín tuviera una fiesta de cumpleaños por todo lo alto, pero gastando muy poco dinero, pues no tenían.

El plan era el siguiente, cada de uno de sus amigos se encargaría de llevar algo a la fiesta de cumpleaños. Luis, por ejemplo, se encargaría de hacer los sandwiches, Alberto, de llevar un pastel que él mismo elaboraría, y así todos los demás.

¡Llegó el gran día, hoy era el cumpleaños de Martín!

¡Felicidades!“, dijeron a la vez los padres de Martín al entrar en su cuarto para despertarlo.

“¡Gracias!“, respondió Martín aún muy dormido y se abrazó a ellos.

Esta tarde será tu fiesta de cumpleaños, esperamos que te guste, ya que este año será algo diferente al resto de años“, le dijo su padre.

“¡Seguro que sí!“, respondió Martín algo más despierto.

Como todos los días, ...seguir leyendo este cuento corto »

EL FANTASMA DEL COLE

Había una vez un colegio muy muy viejo, pero que todavía seguía funcionando y dando clases a los niños y niñas de un pueblo.

El colegio tenía por lo menos 500 años, y por el habían pasado personajes importantes como Albert Einstein, o Edison, que fue el inventor de la bombilla.

En los últimos años, en el colegio habían ocurrido sospechosos acontecimientos, y los niños no paraban de repetir que había un fantasma que trataba de matarlos a todos…

Lo último que había ocurrido en el colegio, era que había desaparecido una pizarra de la clase de primaria. Cuando esto sucedió, los profesores empezaron a tomarse más en serio, lo que antes les parecía un cuento de terror para niños.

En todo el colegio empezaron a buscar la pizarra, tanto niños y niñas como el profesorado, hasta que Javier, un niño de primaria, gritó: “La he encontrado, estaba colgada de la portería de fútbol del patio del cole!!

Cuentos de terror - El fantasma del colegio

El profesor de gimnasia, recogió la pizarra de la portería, y al darle la vuelta, leyó la siguiente inscripción: “Soy el fantasma del cole, si queréis que deje de molestaros, reuniros todos los niños del cole conmigo en el gimnasio esta tarde. Pero no quiero que venga ningún profesor…

Los profesores se asustaron mucho, pero los niños en vez de asustarse, tenían ganas de conocer al fantasma y saber lo que les iba a contar…

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EL CONEJITO JIMMY

Serra es un pequeño pueblo de la provincia de Valencia, en España. Está situado en un precioso valle, rodeado de montañas y bosques frondosos. Sus gentes son humildes y laboriosas y en él se percibe la belleza de las cosas sencillas y bien hechas.

Muy cerca del pueblo, en la cima de una colina desde donde se divisa un paisaje maravilloso, hay una casa de campo llamada “la Alquería de Sant Vicent”. Esta casa está habitada, sobre todo en época de vacaciones y fines de semana, por una familia de Valencia.

Allí acuden para descansar los abuelos, hijos, sobrinos y nietos. A menudo se juntan los ocho primitos que van a ser los protagonistas de esta fantástica historia.

Un día, como era su costumbre, Quico, Pedro, Javi, Montse, Almudena, Macarena, Toni y Pablo, salieron a la montaña a pasear y disfrutar de la naturaleza.

En uno de estos paseos encontraron un conejito blanco, precioso, que se había perdido y no podía encontrar a su mamá. Como lo vieron tan triste le dieron de comer. Sacaron de sus pequeñas mochilas un poco de pan, queso y una manzana y se la dieron. Jimmy se puso muy contento y les dijo que le llevaran con ellos. ¡Sí, sí! No te extrañes, Jimmy podía hablar.

Los niños le dijeron que eso no era posible porque en la casa había un perro, Rufo, que a lo mejor podría hacerle daño. De todas maneras se comprometieron a buscarle cada día en el mismo sitio. Se despidieron de Jimmy y regresaron a casa.

Al llegar, les contaron a sus padres y a su abuelito lo que les había pasado. Estos no les creyeron porque, decían, ¡cómo puede ser que un conejo hable! Ellos no sabían que nada hay imposible para la imaginación de un niño.

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LA TORTILLA MAESTRA

Érase una vez, una tortilla de patatas que era profesora en un colegio muy especial. Y es que, en ese colegio especial, los alumnos de la tortilla maestra eran niños patatas y niños huevos.

La tortilla maestra se llamaba Cocidota, pero los niños la llamaban: “Profe tortilla, profe tortilla!“.

Un día, en clase de ciencias, Cocidota les explicó a los niños el significado de la palabra “freír”. Y tras la explicación, todos los niños y niñas patata, y los niños y niñas huevo, se quedaron callados y asustados…

La profesora se empezó a reír, y les dijo: “Tranquilos niños y niñas, las únicas patatas y los únicos huevos que se fríen son los que no vienen a la escuela. Vosotros, mientras estudiéis y vengáis a la escuela, no seréis fritos nunca“. ...seguir leyendo este cuento corto »

EL LAPIZ MAGICO DE LUIS

Había una vez un niño de 7 años llamado Luis que un día paseando por el parque del colegio, se encontró medio enterrado, un objeto que a simple vista no sabia muy bien lo que era…

Luis se ayudó de un pequeño palo que había en el suelo para excavar y sacar aquel objeto enterrado. Después de unos minutos, Luis consiguió sacarlo y fue entonces cuando vio que sólo era un lápiz viejo.

Vaya lo que he encontrado, sólo es un lápiz“, dijo desilusionado Luis.

Cuentos infantiles - Luis y el lapiz magico

A pesar de que no le gustó nada aquel lápiz, se lo llevó al día siguiente al colegio, sin saber que no era un lápiz cualquiera, sino que algo tenía de especial.

La profesora de matemáticas puso un examen sorpresa a primera hora del día, y Luis no se sabía la lección del examen, la verdad es que Luis era bastante perezoso para ponerse a estudiar y sus notas no superaban el 5.

Sin embargo, algo increíble le ocurrió a Luis durante el examen, a pesar de no saber ninguna de las respuestas, el lápiz movía la mano de Luis resolviendo cada uno de los problemas…

¡No puede ser!“, dijo en voz baja Luis. “Luis si vuelves a hablar te suspendo el examen“, le dijo la profesora de matemáticas. ...seguir leyendo este cuento corto »

LOS TRES CERDITOS

Érase una vez tres cerditos que iban a construirse una casa para así estar a salvo de las garras del lobo, quién últimamente acechaba los alrededores de aquel lugar, y derribaba casas para comerse a los cerditos que habitaban dentro de ellas.

Los tres cerditos pensaban de forma distinta, así que cada uno se hizo su casa de la forma que pensaba que era la mejor. Tocinete, que era el pequeño de los tres cerditos, decidió hacerse la casa con paja para así terminar antes, e irse a jugar con el resto de cerditos.

Cuentos clasicos - Los tres cerditos y el lobo

Jamoncín, el mediano de los tres hermanos cerditos, se hizo la casa con madera, pues no le llevaría mucho tiempo, y podría ir a jugar pronto.

Cochinín, el mayor de los tres cerditos, decidió hacerse la casa con ladrillos, porque aunque iba a tardar más en construirla y poderse ir a jugar con el resto de cerditos, sería una casa muy resistente, y estaría a salvo del lobo feroz.

Cuando las casas de los tres cerditos estaban terminadas, de repente, un día, el lobo fue a por los tres cerditos, y éstos corriendo fueron a la casa de paja de Tocinete, sin embargo, el lobo sopló y sopló y la derribó. Así que, los tres cerditos corrieron hacia la casa de Jamoncín.

El lobo los persiguió, y al llegar a la casa de madera de Jamoncín, volvió a soplar y la casa se derribó, así que lo único que les quedaba a los cerditos era ir a la casa de ladrillo del cerdito mayor.

Los tres cerditos estaban muertos de miedo, porque pensaban que también podría derribar la casa, ...seguir leyendo este cuento corto »

LA SOMBRILLA DE COLORES DE LA PLAYA

Como todos los veranos, Carlitos, junto a su hermana y sus padres, iban a la casa de la playa a pasar todo el verano, hasta que Carlitos y Laura comenzaran en septiembre de nuevo el colegio.

La familia solía ir todos los días a la playa así que solían levantarse muy temprano para ponerse en primera fila y no tener ninguna sombrilla delante de ellos.

Sin embargo, ningún día conseguían llegar los primeros,  ya que Carlitos era muy dormilón, y aunque tenía un despertador que al sonar despertaba a su vecino, no era suficiente para que se levantara de la cama.

 

Cuentos infantiles - La sombrilla de la playa

Su madre, cuando veía que Carlitos no se había levantado siempre subía a su cuarto para llamarle y decirle que sino se levantaba se irían a la playa sin él, entonces como un rayo de rápido, se levantaba de la cama…

A Carlitos le gustaba jugar con su hermana en la orilla de la playa, le encanta hacer castillos de arena, sin embargo, sus padres no le dejaban ir porque su sombrilla estaba de las últimas y desde ahí no podían verlos.

Carlitos se enfadó mucho con sus padres y estuvo durante toda la mañana sentado bajo la sombrilla mirando hacia el mar sin mediar palabra.

Mientras que estaba sentado, Carlitos estaba pensando en el hombre que tenía una sombrilla de colores y que estaba en la primera línea de sombrillas. Y se decía a él mismo,”ya podía ser mi sombrilla la que estuviera allí en lugar de la sombrilla de colores de aquel hombre“.

De repente, una fuerte racha de viento provoco que la sombrilla de colores de aquel hombre saliera volando por toda la playa. Así que, Carlitos se levanto y corrió a poner su toalla en primera línea para ...seguir leyendo este cuento corto »

EL HENO DE LOS BUEYES

Hace muchos años existía un Monasterio habitado por frailes que, además de llevar una vida contemplativa y de oración, se dedicaban a cultivar la tierra para procurarse el sustento. En cada temporada recolectaban los frutos de la tierra y la parte que no necesitaban la llevaban al mercado de la población más cercana.

Cierta temporada asignaron a Benito la responsabilidad de llevar al mercado la fruta que recolectaban día a día. Benito era un fraile joven e impetuoso que asumió con mucho entusiasmo la labor encomendada. Solicitó consejo para su empresa a otros frailes más viejos, que le explicaron con mucho detalle cómo debería proceder para sacar el mayor partido de sus viajes a la población más cercana los días de mercado.

Benito debería levantarse antes de la salida del sol, preparar los bueyes y cargar la carreta con la fruta recolectada el día anterior por sus hermanos. Le explicaron cómo funcionaba el mercado y le dieron detalles del camino hasta el mismo. Su objetivo era vender toda la fruta al mejor precio y retornar al monasterio con la mayor cantidad posible de monedas en la bolsa. También fue aleccionado sobre la forma en que debería pregonar su mercancía y negociar con los compradores. Como tarea adicional, debería cuidar de los bueyes durante la temporada de recolección de frutas, ya que el acarreo al mercado era la única actividad que realizarían. Así pues, cada día de mercado debería comprar cierta cantidad de heno que serviría de alimento a los bueyes, con parte de los ingresos conseguidos por la venta de la fruta.

Su primer día, ya cargada la carreta y cargado el mismo de entusiasmo, partió hacia el mercado imponiendo su autoridad sobre sus sufridos bueyes. Ya superada la mitad del trayecto, encontró una ramificación del camino sobre la que ninguno de sus consejeros le habían advertido. Ordenó parar a sus bueyes y fue suficiente un instante para decidir que continuarían por el camino, dejando la ramificación a su izquierda. Meditaba sobre la oportunidad de su elección cuando vislumbró la loma sobre la que se asentaba el castillo y la población de los alrededores donde estaba el mercado. Llegaré bien de tiempo, pensó mientras arreaba a los bueyes. La población parecía cercana pero el camino que conducía a ella aparentaba cada vez más empinado. Aún no había llegado al mercado y ya despuntaba el sol por detrás, dibujando una larga sombra de los bueyes, su carreta y él mismo que prometía llegar antes que ellos. A medida que se acercaba al mercado se iba reduciendo la sombra proyectada hasta que en lo más alto apareció una plaza en la que ya había asentamientos de otros proveedores de mercancías.

Benito, contrariado por no haber llegado el primero al mercado, se prestó diligentemente a disponer su mercancía y a pregonarla con seguridad y solvencia. Otros vendedores de fruta que habían llegado más temprano, tenían a su alrededor potenciales compradores mientras él culpaba a la lentitud de sus bueyes el no estar dispuesto antes. Notó cómo, poco a poco, se acercaban personas a su puesto interesándose por su mercancía, de la que él destacaba su calidad y frescura. Así transcurrió la mañana hasta que fueron desapareciendo compradores y puestos. Benito apuró hasta que su puesto era el único y ya nadie se interesaba por la escasa fruta que aún le quedaba. Sopesó su bolsa y contó los resultados de sus ventas, pensando que aún hubieran sido mejores si hubiera llegado al mercado antes, vendiendo así toda su carga.

EL HENO DE LOS BUEYES

Para el regreso tomó el camino alternativo sobre el que ya le habían informado algunos de los competidores y compradores. Pero antes debería realizar la provisión de heno, con la que alimentar a sus bueyes a la llegada al monasterio. Pensó que si reducía la cantidad a comprar de heno, la bolsa que entregaría al prior iría mejor equipada. Así lo hizo. Sus bueyes casi no notarían la merma en su alimentación. Ya de regreso en el monasterio, percibió la consideración de sus hermanos y del prior por la bolsa que presentaba. No había estado mal, siendo el primer día.

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LA HORMIGA Y EL GRANO

Érase una vez una hormiga llamada Junca, muy trabajadora, que vivía en el hormiguero con el resto de su familia, unas 50.000 hormigas.

Las hormigas cargaban el grano para el invierno en un almacén, y así cuando llegara el frío podrían disponer de alimentos para todas. Pero este año, el grano era de muy pequeño tamaño y era difícil de transportar. Se llegó a una situación de pesimismo en la que, hasta las hormigas más sabias, desconfiaban de que pudieran sobrevivir al invierno.

Mientras tanto, Junca quería cargar más grano, para ayudar aún más a su familia, y comprendió que transmitiendo su optimismo al resto de hormigas, lo conseguirían.

Cuento la hormiga y el grano

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