Cuentos de Tolerancia
ACTIVIDADES PARA NIÑOS EN MADRID
Había una vez una familia que tenía dos niños, eran muy felices, pero aún así, los niños, se pasaban los fines de semana muy muy aburridos.
Se llamaban Laura y Esteban, y sus padres estaban muy orgullosos de ellos, pero no sabían que hacer con sus hijos en Madrid, que era la ciudad donde vivían.
¿Qué hacer con los niños en Madrid? Era la gran pregunta.
Los padres se pusieron a buscar como locos en algunas guías, actividades para niños en Madrid, ya que no sabían que planes hacer con ellos en el tiempo de ocio.
Como no estaban muy seguros de las actividades que les gustarían a sus hijos, les preguntaron a ellos mismos: “Laura empieza tú, ¿qué ...seguir leyendo este cuento corto »
EL HOMBRE GITANO
Le encantaba su barrio. No podía ser más divertido ni más alegre.
Allí todos tocaban las palmas y la guitarra. A esta, la daban la vuelta y como si nada, seguían tocando.
La pena, si es que había alguna pena, era que no les sobraba nada, claro tampoco les faltaba. Estaban preparados para afrontar cualquier situación y así se sentían más felices.
Un día alguien salió de la casa gritando.
- ¡Sálvese quien pueda! ¡Sálvese quién pueda!
Todos salimos de casa, claro, los pocos que estábamos dentro ya que nosotros vivimos mucho fuera, en la calle.
Mirábamos para todos los lados y no veíamos nada, solo al señor que seguía gritando.
- ¡Sálvese quién pueda!
Mi abuelo que es muy respetado por su edad, se dirigió a él con paso firme y sereno, y le preguntó.
-Raimundo. ¿Se puede saber que te pasa?.
- ¡He oído en la radio que el fin del mundo se acerca!. Y siguió gritando.
GUSTAVO Y SU AMIGO INTERNAUTA
Había una vez un niño llamado Gustavo, que solía conectarse a internet alguna vez a la semana, para ver qué se contaban sus amigos en las redes sociales.
Un día, mientras estaba navegando por internet, empezó a hablarle, por equivocación, un niño de China.
Gustavo se quedó sorprendido al ver que le escribía un niño con unos rasgos de la cara muy raros, y al que no se le entendía nada…
Gustavo, a pesar de no entender nada de lo que decía, llamó a sus padres para pedirles permiso para hablar con el niño.
Los padres le dijeron que sí, que podía hablar con él, y cogieron unas sillas para sentarse al lado de su hijo y conocer también a aquel misterioso niño Chino.
Los padres le explicaron a Gustavo, que aquel niño era de otro país muy lejano, en el que todas las personas tenían los ojos rasgados y la piel con un tono amarillento, pero por lo demás son igual que el resto de la gente que conocemos.
Gustavo al ver que era un niño como él, empezó a escribirle en español, y le dijo: “No entiendo lo que me escribes, pero te digo Hola por si entiendes el español“.
Pasaron unos segundos, y el niño Chino volvió a escribir, pero esta vez, para sorpresa de todos, ...seguir leyendo este cuento corto »
LOS TIMONELES
Cuenta la leyenda que cierto país, cuyo territorio estaba formado por varias islas, disfrutaba de una próspera economía y de un sistema político que la propiciaba. Los fundamentos de su economía no podían ser otros que el arduo trabajo de sus habitantes y la buena gestión de sus políticos y empresarios.
Una de sus empresas se dedicaba al comercio intercambiando productos entre dos de sus más importantes islas. Esta empresa disponía de un barco cuyo capitán era apreciado y respetado por toda la tripulación, apenas sin excepciones. Las travesías entre las dos islas solían ser rutinarias y tranquilas pero largas, debido a que siempre se trazaban evitando una zona de abundantes islotes y aguas poco profundas. Esto permitía que la tripulación estuviera relajada, pero con unos ingresos necesariamente ajustados para mantenerse y ser competitivos.
Cierto día, en el curso de una tranquila navegación, el capitán reunió a la tripulación y dirigiéndose a todos les dijo: Contamos con expertos timoneles entre vosotros, capaces de conducir la nave por rutas más cortas, aunque más peligrosas. Aumentaríamos nuestros beneficios comerciales si consiguiéramos reducir la travesía en tres o cuatro días. Parte de esos beneficios serían repartidos entre todos vosotros, pero debéis ser conscientes de la importancia de la aportación de cada uno y de la pericia de nuestro timonel para evitar todos los escollos que nos podamos encontrar en la travesía. Era necesario innovar para prosperar.
Un murmullo corrió como la pólvora encendiendo el entusiasmo de toda la tripulación, hasta que ...seguir leyendo este cuento corto »
EL BURRO INTELIGENTE
Había una vez un burro que se llamaba Bruno. Vivía con su dueño, un hombre mayor llamado Deogracias.
Bruno y su amo iban todos los días al campo a trabajar las tierras, las cuidaban para que no salieran malas hierbas, araban y sembraban para luego recoger la siembra.
La labor de Bruno era muy importante, pues gracias a él, Deogracias no se cansaba tanto, pues era Bruno el encargado de las tareas más duras.
Hoy, como todos los días, Bruno y Deogracias estaban en el campo, y mientras su amo descansaba, echándose la siesta bajo un árbol, Bruno aprovechó para comer algo. Inesperadamente, algo apareció de debajo de la tierra donde comía Bruno… parecía un topo!!
“¿Pero tú que haces comiendo de mi tierra? burro tonto… ¿no ves que es propiedad privada!?! Vamos! Fuera de aquí!!”, dijo el topo.
Entonces, el burro Bruno contestó: “perdone señor topo, pero esta tierra es de mi amo, y yo puedo comer todo lo quiera. Desde luego, que no me voy a quitar, y es más, veo que ha intentado engañarme…”
Entonces, el topo se quedó sorprendido al ver que no había conseguido engañar al burro, parecía ser más inteligente que otros burros a los que conocía… pensaba el topo.
“No te enfades burro, que no era mi intención engañarte, no sabía que esta tierra era de tu amo…“, respondió el topo.
Y Bruno, el burro, le contestó: “me gustaria decirte solo una cosa topo, no está bien querer aprovecharse de los demás, y tú has pensando que los burros somos muy tontos, y debo decirte que no es así, y que no hay que tener prejuicios“.
Así fue como el topo se volvió a meter en su madriguera, sonrojado y reflexionando sobre lo ocurrido.
Nuestro querido amigo el burro Bruno, le había dado una lección al topo muy valiosa: no hay que ir engañando a nadie, pues conseguirás más cosas si eres buena persona y honesto.
FIN
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EL CONEJO Y LA ISLA DE BAMBU
Érase una vez un conejo que vivía en una isla llena de cañas de bambú. Se llamaba Puchini, y recorría la isla todos los días de un extremo a otro, sorteando las cañas de bambú, para conseguir comida.
La madriguera de Puchini estaba situada en un extremo de la isla, y el sitio donde Puchini recogía la hierba estaba al otro extremo de la isla.
Un día, Puchini pensó: “¿por qué no puedo ir a por hierba sin tener que esquivar todas las cañas de bambú?“. Entonces, se puso manos a la obra y empezó a arrancar cañas de bambú para trazar un camino que le llevase a su comida fácilmente.
Repentinamente, cuando estaba arrancando la segunda caña de bambú, oyó una voz que le decía: “Conejillo Puchini! No arranques más bambú de tu camino, porque si haces eso, todos los que vivimos en esta isla, desapareceremos!!”
EL NIÑO Y EL BOSQUE
Alex es un niño muy especial, al que le gustan mucho los árboles. Siempre se ha sentido muy identificado con la naturaleza y le ha gustado hacer acampadas en el bosque.
Alex tiene una hermana pequeña llamada Julia, a la que le gusta mucho jugar con sus muñecas, pero también le gusta la naturaleza y sobretodo le gusta cuando se van de viaje a la nieve con sus padres.
Un día sus padres decidieron que se iban a ir de vacaciones y les daban a elegir entre ir de acampada al bosque o ir a ver la nieve y a esquiar.
Entonces, Alex gritó rápidamente que quería ir de acampada al bosque, y Julia dijo que prefería ir a la nieve, ya que el año anterior habían ido de acampada y no a la nieve.
Entonces, los padres le dijeron a Alex: “¿qué crees tú que es lo más lógico?” Y Alex gritó: “Lo mejor es ir a hacer una acampada en el bosque para ver los arboles!!”.
Los padres le insistieron en que lo pensara, pero Alex estaba enfurruñado con su idea.
MANUEL, EL GATO POLICIA
Había una vez un gato, Isidoro, que era muy respetado por todos los demás gatos del lugar, pues había conseguido que una anciana le llevara a vivir a su casa y tuviera todos los cuidados que nunca hubiera podido imaginar.
Manuel, era el policía del barrio y su trabajo consistía en avisar a todos los demás gatos, en caso de que hubiese perros cerca y estuviesen en peligro.
Hoy, era el día en el que tenían que reunirse todos los gatos, para decidir quien sería el nuevo gato policía, ya que Manuel, no podía correr tan rápido como hace unos años y se estaba haciendo mayor…
El gato Isidoro, estaba dando un discurso, convenciendo a todos los asistentes, de que sin lugar a dudas el mejor gato que podía tener una responsabilidad como esa, era él. Alegaba que comía muy bien y que eso le permitía estar fuerte y sano, y así ser muy veloz.
Isidoro pensaba que sería el nuevo policía, pues nadie más se presentó, pero de repente, una linda gatita apareció en lo alto de un cubo de basura. “hola amigos, yo también quiero se candidata para policía, pues soy muy ágil y veloz”.
LA NUBE Y EL VIENTO
La nube Claudia se encontraba muy feliz y contenta porque estaba junto con su amigo el sol. Hacia un día espléndido y los pajarillos cantaban una y otra vez sin parar.
De repente, el viento empezó a soplar y la pobre nubecilla Claudia, no podía parar de moverse, porque el viento le empujaba de un lado a otro.
Entonces, Claudia le dijo al viento: “¿por qué soplas tan fuerte?”
Y el viento contestó: “porque tengo que ayudar a las semillas de las plantas a viajar de un lado para otro, para que así, nazcan nuevas plantas. Y también gracias a mí, los molinillos de viento se mueven y los hombres obtienen así la electricidad.”
Entonces Claudia, la nube, entendió que aunque durante un rato no pudiera dejar de moverse por el soplido del viento, era para ayudar a los demás.
FIN
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