MI EXPERIENCIA CON FAMIS (III)

Cuentos cortos escritos por: Tonny Alejandro Roa Blanco.

Pero el esfuerzo había valido la pena, pues creí haber dejado atrás a tan molesto personaje. Sin embargo………., la misma voz maliciosa
de hace un rato me volvió a susurrar

La calle es muy peligrosa, no deberías salir de tu casa,

Mirando atrás me di cuenta que aquel ser, mi tormento seguía colgando de mi hombro, no me queda más, baje la cabeza y le dije:

Es inútil todo esto, siempre estarás conmigo, y apenado tomé el camino de regreso a casa, toque la puerta, una y otra vez hasta que la tía Edelmira abrió y en un tono de alarma me pregunto:

¿Te encuentras bien? Sí le dije, pero Famis y yo sabíamos que eso no era cierto….

Mi tía como siempre, precavida me puso el termómetro, me lo dejo un rato y luego dijo: – No tienes fiebre, ve siéntate en la mesa es hora de almorzar, y recuerda tienes que comer porque si no lo haces, el espíritu del hambre vendrá y te llevará con él.

Cansado de esto, salí corriendo desesperado y en vez de sentarme a comer, me encerré en mi habitación alejado de la mirada de mi tía, y ahí pase el resto del día.

 No hay manera de estar tranquilo, me dije, él nunca me dejará en paz, día a día rondará cerca de mí, y un buen día me llevara con él…

Los días pasaban y la situación no mejoraba, el espíritu del hambre se encargaba de atormentarme, ya ni comía, ni salía de mi habitación, mi única distracción era mirar hacia fuera…… Hasta que cierta tarde, sumido en mis pensamientos me dije:

– Debo ser valiente y vencer mi miedo, comeré todo pero no en grandes cantidades, sino que en cantidades que mi estómago pueda soportar.. Lo haré… ¡Claro que lo haré!

Y entonces me puse en pie de guerra, dispuesto a no dar marcha a atrás. Aunque la impaciencia me cosquilleaba el cuerpo, sabía que debía esperar el momento adecuado, para lanzarse a la acción, y lleno de nervios aguardé la cena.

Ahora es cuando, me dije y sin pensarlo dos veces me dirigí a la cocina donde se encontraba mi Tía Edelmira, sentada en la mesa, y con una taza en la mano. Respiré hondo y le dije a mi tía:

– Cenaré pero yo me serviré lo que yo pueda comer…

– ¿Que tonterías dices?, replicó la tía Edelmira…. Sin acobardarme, le respondí:

– Sí, lo que oyes, mira soy un niño todavía, esta bien que coma, pero debes de comprender que yo no puedo comer en abundancia, así como lo haces tu.

Mi tía me miro muy seria, pero después los ojos se le llenaron de luces y cayo en una sonora carcajada.

–  Está bien David, sírvete lo que quieras, yo no te obligaré a comer en abundancia, pero tienes que comer porque eres un niño en pleno desarrollo.

Está bien tía Edelmira, le dije, al tiempo que me servía un plato de pasta, al terminarlo miré encima de mi hombro y pude notar que el espíritu se había ido al fin. Entonces caminé hacia la puerta principal de la casa, la abrí de par en par y salí a jugar.

Era una tarde espléndida.

FIN

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3 pensamientos en “MI EXPERIENCIA CON FAMIS (III)

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