LA MARIPOSA, LA LUNA, Y LA RANA QUE DEJO DE CANTAR… (PARTE III)

Cuentos infantiles escritos por: Alex (Salamanca). Parte III

El caballo se detuvo junto al estanque, el sonido que producían sus cascos al chocar con el suelo, cesó, y también la vibración.

La ranita saltó sobre los nenúfares de noche en su estanque antes de plata, y se metió entre sus piedras asustada, pero no se durmió, y escuchó, y miró.

Un hombre joven descendió del caballo, vestía elegante, llevaba botas de cuero negro y una capa también negra que dejaba ver una espada en la cintura, al cabo de poco tiempo apareció de repente, como surgido de la nada otro jinete, su caballo era de un blanco inmaculado, y se detuvo justo al lado del primero, una mujer bellísima de larga cabellera negra, vestida de blanco, se acercó al caballero y le abrazó.

Cuentos cortos - la princesa y su caballo veloz

La ranita les miraba desde las piedras de su estanque y aunque había decidido no volver a cantar nunca, intentó hacer el menor ruido posible, estaba tan asustada

Les vio sentarse sobre un tronco caído y conversar, le pareció ver que ella lloraba y él la consolaba con la mayor ternura imaginable, luego él la besó…

Era tan tarde que a la ranita se le cerraban los ojos, tenía mucho sueño, pero la curiosidad podía con ella, sin embargo se quedó dormida, y soñó con la luna, con su luna.

Un rayo de sol acarició lentamente el estanque, su tibio calor daba paso a otra mañana; la ranita verde abrió los ojos, miró rápidamente al tronco caído, pero la pareja ya no estaba, sin embargo sobre la hierba observó que brillaba algo, era una diadema de oro, perlas y diamantes.

Saltó sobre los nenúfares como todos los días, tomó el sol, como todos los días, pero no cantó, los peces le preguntaban, los pájaros, los ratones, los conejillos que iban a beber se extrañaban, pero la pequeña rana verde no cantaba.

Todas las noches, la ranita buscaba sobre su estanque el reflejo de la luna, pero ella no aparecía.

Tampoco los jóvenes jinetes volvieron, y el sol de las mañanas iluminaba la diadema sobre la hierba, junto al tronco caído en el bosque, pero la ranita no volvió a cantar.

Y pasaron los días, la primavera dejaba paso al Verano, y la ranita no cantaba, los días eran cada vez más largos y las noches más cortas, hasta que una noche oyó pasos junto al estanque.

Los pasos se acercaron, entre las sombras, la silueta del caballero de botas de cuero negro se movía alrededor del tronco caído, buscaba algo afanosamente, recorría con ansiedad el espacio entre el tronco y el estanque, luego se alejaba, para volver a rebuscar en el suelo. No había luna, la ranita no la había vuelto a ver, y las sombras de la noche no permitían ver bien de quien se trataba, sólo se intuía una silueta esbelta bajo una capa negra. Una silueta que la mantenía atenta y absorta, como si esa sombra
tuviera un imán…

Los ojos de la ranita se fueron cerrando…y se quedó dormida.

Continuará..

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4 pensamientos en “LA MARIPOSA, LA LUNA, Y LA RANA QUE DEJO DE CANTAR… (PARTE III)

  1. kenny Pucachaqui

    Kenny Este cuento eta muy interesante nos enseña a esforzarnos mas para llegar a descubrir de lo que somos capases

    Responder

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