LA MARIPOSA, LA LUNA, Y LA RANA QUE DEJO DE CANTAR… (PARTE II)

Cuentos infantiles escritos por: Alex (Salamanca). Parte II

– Y volarás como los pájaros?
– Así es,- respondió Mae la oruga- Ya lo verás, en un mes volveré a verte, y me reconocerás…
– Bueno, y donde vas ahora? –preguntó la ranita_
– Debo subir al árbol de nuevo, mis cortas patas me permiten agarrarme al tronco, allí arriba está mi casa, y debo seguir comiendo hojas para poder cambiar, debo crecer. Espero no volver a caerme- Mae sonrió coqueta.

La pequeña rana verde observó a Mae alejarse y trepar el tronco, su ascensión era muy lenta, estuvo observándola horas hasta que la perdió de vista, cuando se quiso dar cuenta el sol se estaba ocultando y las sombras empezaban a reinar en la noche.

Cuentos cortos mira quien salta

Estaba emocionada, tenía una nueva amiga, rara y un poco fea, pero simpática y coqueta, era muy emocionante, además pensaba en que significaría eso que Mae le había dicho ¿Cómo iba a cambiar?.¿Cómo podía volar, si no tenía alas?

Mientras pensaba, la noche iba cercando el estanque, y la pequeña rana verde se dio cuenta que era mucho más tarde de lo normal, el cielo había cambiado de color y se había vuelto azul oscuro, casi negro, la noche hacía que los nenúfares de día se cerraran
y se abrieran perezosos los nenúfares de noche.

Entre las ramas del gran árbol, pensó, estaría su amiga Mae, la oruga, y se imaginó que ya estaría dormida, se fijó en unos puntitos brillantes que iluminaban el firmamento, -deben ser las estrellas -, se dijo, era la primera vez que las veía.

El viento comenzó a soplar y a mover las ramas y las hojas, empezaba a hacer frío.

La ranita se disponía a saltar a sus piedras, para dormir, sin embargo algo llamó su atención, le pareció ver en el cielo una luz blanca entre las hojas que movía el viento, era una luz muy fuerte y muy blanca, saltó de nenúfar en nenúfar para situarse mejor y poder ver entre las ramas.

Cuando llegó a la orilla del estanque y se dio la vuelta, el agua brillaba, era un brillo blanco y plateado, tan fuerte que le hacía daño a los ojos. La ranita se quedó quieta, no sabía qué pasaba, el agua de su estanque se había vuelto de plata, no podía preguntarle a ninguno de sus amigos porque era tan tarde que todos estarían durmiendo, al igual que los peces, y los conejitos y los ratones de agua seguramente todos dormían.

A su alrededor no había nadie, ni siquiera el gato montés cazador de ratones, que solía merodear por las noches en busca de alguna presa. Estaba sola, pero no tenía miedo.

No podía dejar de mirar el color del agua, … el viento sopló con fuerza una vez más sobre las ramas de los árboles y cuando la pequeña rana verde miró arriba, pudo ver en el cielo, como colgando, una bola de luz blanca, tan blanca como la nieve, tan brillante como los rayos de la mañana, tan pura como la sonrisa inocente de los niños; en ese momento supo que esa gran bola redonda era la Luna.

-Así que esta es la Luna-, pensó-, la misteriosa luna, la que le habían dicho que siempre cambiaba, que a veces miraba hacia un lado y otras miraba al otro, y que siempre sonreía, ¡era la luna!, la que decían que nunca estaba quieta, la que le habían dicho que
desaparecía siempre una vez cada mes, para volver a aparecer.

Se sintió emocionada, por un momento pensó que un trozo de su brillo había caído en su estanque y se había quedado atrapado allí, pero se dio cuenta que sólo era su reflejo, como los espejos, y la pequeña rana verde que estaba quieta cerca de la orilla de su estanque sobre un nenúfar de noche, sintió la necesidad de cantar, y cantó la canción más bella que conocía, cantó las canciones que cantas las sirenas y que conquistan a los marineros, cantó para ella, para la luna, y sus ojitos se llenaron de lágrimas, era tan
bella…

Nadie se despertó, la noche era cerrada, y sólo el viento llevaba a las hojas de los árboles su canto, y la ranita lo sabía, y ese canto llegó a la luna, y ella sonrió contenta.

De repente, a lo lejos, un ruido que iba creciendo resonó en el bosque, cada vez se hacía más fuerte, y el suelo empezaba a retumbar, el ruido se acercaba y todo vibraba, la pequeña rana verde botaba sin querer sobre la flor y el agua empezaba a hacer ondas, el
viento dejó de soplar y las ramas volvieron a tapar a la luna, pero el estanque mantenía su color de plata.

El ruido era ensordecedor, la vibración también, parecía que a su alrededor el mundo fuera a estallar, y estalló, ocurrió en pocos segundos, una sombra enorme que resoplaba con fuerza se abalanzó rapidísima sobre el estanque, el agua saltó por el aire en miles de pequeñas gotas, y el reflejo de la luna se rompió como se rompen los espejos que caen al suelo.

La pequeña rana verde dejó de cantar, se quedó callada y quieta sobre su flor, temblaba… le habían quitado a su luna, alguien la había destrozado, y decidió que ese canto que le había dedicado sería el último canto que cantaría…

Continuará….

Comparte este cuento infantil con tus amigos en Facebook, Google+ y Twitter con los botones que encontrarás al principio o al final del cuento. ¡Gracias!

Recuerda que puedes recibir cuentos infantiles GRATIS en tu email, suscribiéndote aquí.

5 pensamientos en “LA MARIPOSA, LA LUNA, Y LA RANA QUE DEJO DE CANTAR… (PARTE II)

  1. ana barchuk

    Me encanta el cuento, aunque sin querer ofender , y al solo hecho de comentario en partes me parece alargado innecesariamente . Muy creativo . Sigue escribiendo

    Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

19 − 10 =

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>