Playa
LAS TORTUGAS TAMBIEN SE ENAMORAN
Era la primera vez quee Marco iba a viajar en avión. Sus hermanos Laura y Eduardo, ya habían viajado más de una vez. ¡Este sería su primer viaje con toda la familia!
Dos veces al año salían de vacaciones, pero desde que él había nacido, no había tenido la suerte de salir del país: solo había conocido el campo de la abuela Flor y la casa en la playa de su tata Jorge.
Así que de todos, era el más emocionado. Como ya tenía 6 años cumplidos, tuvo un asiento para él solo, entre su papá Fernando y su mamá Sandra. Laura y Eduardo iban sentados en la fila de atrás.
Eran casi las cinco de la mañana, nunca había madrugado tanto, y comenzaba el viaje a la Isla Galápagos, un lugar que queda en un país llamado Ecuador, del que algo le habían enseñado en el colegio.
Marco era fanático de los animales. En su casa tenía una ardilla, un gato, un perro y su favorita: la tortuga Uva. Siempre le decía que cómo le podía haber puesto el nombre de una fruta, pero a él le gustaba. Además, lo que quiso decir fue Luva, pero cuando Uva había llegado a su casa, él no sabía hablar muy bien.
Uva siempre se escondía y Marco pasaba horas y horas ...seguir leyendo este cuento corto »
LA TORTUGA AMABLE DE LA PLAYA
En una playa muy lejana, existía una tortuga gigante, de las que viven más de 200 años.
La protagonista de nuestro cuento se llamaba María, la gran tortuga María.
María tenía 7 años, pero era ya casi tan grande como una tortuga adulta, esto era porque se alimentaba muy bien de las algas que tenía el mar.
Además, a María le gustaba mucho comer, y si había algo sagrado para ella, era la comida.
Un día, un amigo de María, el cangrejo Croqui (¿conoces al cangrejo morenito Croqui?) se acercó donde estaba comiendo María, y empezó a comer junto a ella las algas que flotaban en la orilla del mar.
De repente, María le dijo con voz grave a Croqui: “No comas donde estoy comiendo yo, que me molestas.”
Croqui, el cangrejo morenito, se sintió muy mal y se fue llorando a otra parte..
La madre de María, que lo había observado todo, fue andando donde estaba María y le dijo: “María, te has comportado muy mal con Croqui, él sólo quería estar a tu lado. Si no eres amable con la gente que te rodea te quedarás sola.” ...seguir leyendo este cuento corto »
EL DOMINGO DE LA TORTILLA EN LA PLAYA
Érase una vez, una tortilla llamada Pati, que iba todos los domingos a la playa metida en un “taper”, o en una bolsa de congelados.
Pati estaba harta de que, siempre, en verano, cuando iba a la playa, se ponía perdida de arena, sobretodo cuando hacía mucho viento.
Ni “tapers”, ni bolsas, nada podía hacer que no le entrara arena de la playa.
La tortilla solía ir a la playa con su amigo el pimiento, que también opinaba lo mismo sobre la playa, ¡era un asco para ellos!
Un día, una niña se dio cuenta que la tortilla y el pimiento ...seguir leyendo este cuento corto »
EL CANGREJO MORENITO
Érase una vez un cangrejo que vivía en una playa del sur de España. El resto de cangrejos le llamaban Croqui, porque le gustaba mucho rebozarse en la arena y ponerse como una croqueta.
A Croqui le gustaba mucho la luz del sol, y cuando llegaba el verano se volvía loco por coger el mejor sitio de la playa para tomar el sol.
Siempre estaba muy moreno, pero nunca hacía caso de las recomendaciones de los cangrejos más mayores.
Los cangrejos adultos le decían que se pusiera crema protectora, para evitar las quemaduras que el sol le podían provocar en su caparazón, pero él decía que eso no le iba a hacer daño.
Un día de verano, con un sol espléndido, estaba Croqui tomando el sol, cuando de repente empezó a oler a quemado. “¿Qué es lo que estarán quemando?“, pensó.
Hasta que se dio cuenta de que estaba saliendo humo de una de sus patas, y que se estaba chamuscando. Así que, corrió y corrió para meterse en el agua a refrescarse.
Después de salir del agua, Croqui observó las quemaduras que tenía en la pata, y se dio cuenta de que si hubiera hecho caso a los cangrejos más mayores, no se hubiera quemado.
Croqui aprendió que, el sol en la playa, hay que tomarlo con protección. Además, cada vez que nos bañamos tenemos que volver a echarnos crema, para que no nos pase como a Croqui el cangrejo morenito.
FIN
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EL VERANO PARLANCHIN
Érase una vez, una estación del año, llamada verano, a la que le gustaba mucho el sol. Le gustaba tanto el sol, que se pasaba hablando con él todo el día. El sol era su mejor amigo, y para el sol, el verano también era el compañero más agradable.
El sol estaba todo el día aburrido, sacando sus rayos hacia la superficie de la Tierra, sin hacer nada más, por eso, cuando el verano hablaba con él, se distraía y pasaba un buen rato.
Un día de verano, en la playa, con todos los bañistas disfrutando de un día soleado y sin nubes, cuando el sol estaba sacando sus rayos hacia la arena, el verano empezó a hablar sin parar con el sol, como era habitual.
Pero ese día, una nube, aprovechando que el sol estaba distraído hablando con el verano, se coló por delante del sol, y el cielo empezó a nublarse.
La gente de la playa miró hacia arriba y empezó a marcharse, recogiendo sus sombrillas y toallas. No había sol, y, por tanto, la gente se iba a sus casas.
Para cuando el sol se había dado cuenta, todo el mundo se había ido de la playa. El sol se puso muy triste, y pensó ...seguir leyendo este cuento corto »
EL TIBURON BUENO DE LA PLAYA
Había una vez, en un país muy lejano, una playa plagada de tiburones, en la que nadie se podía bañar.
Los pocos humanos atrevidos, que alguna vez se bañaron, fueron devorados por los tiburones, en cuestión de minutos. La playa había sido cerrada al público, por su peligrosidad.
Sin embargo, un valiente nadador, amante de los animales, llamado Alberto, tenía un plan para que esa playa pudiera llenarse de bañistas, tranquilos de no ser devorados por los tiburones.
Un día, Alberto cogió una lancha motora, y se dirigió a un peñón que había cerca de la playa, allí estableció su campamento base para realizar su plan.
Lo primero que hizo fue establecer contacto con los tiburones, y observar su comportamiento. Así, pudo descubrir a un tiburón de entre todo el grupo de tiburones, que destacaba por su tranquilidad, armonía y aparente falta de agresividad. Alberto le puso nombre a este tiburón, “se llamará Fredi”, pensó Alberto.
Alberto permaneció en su campamento base, aprendiendo sobre los tiburones, y sobre todo, interpretando su lenguaje.
Una vez que consiguió aprender a escuchar lo que decían, aisló al tiburón más tranquilo al que llamó Fredi, y empezó a comunicarse con él.
Al principio, Alberto no se entendía del todo bien con él, pero poco a poco fue interpretando sus gestos y movimientos.
Llegó a entender muchas cosas, entre ellas que a Fredi no le gustaba comerse a los humanos, que lo que se comía cuando su grupo iba de caza, eran las aletas de buceador que a veces llevaban los imprudentes nadadores que se metían en la playa.
Todo estaba tranquilo, hasta que un día, consiguió entender que Fredi le estaba dando un mensaje importante: “Márchate de este lugar, Alberto. Mis compañeros de grupo tienen planeado comerte…” ...seguir leyendo este cuento corto »
EL CUADRO DE LA PLAYA
Érase una vez un pueblo llamado Benidorm, en el que había una playa muy grande que se llenaba todos los veranos.
Allí vivían Julián y Belén, dos madrileños. A ellos les gustaba mucho la playa, por lo que sabían que no se irían de Benidorm.
Un día pensaron, que cuando se hicieran mayores, y no pudieran viajar, les gustaría que sus futuros nietos pudieran estar con ellos. Y ya que creían en la magia, idearon un plan para poder estar con sus nietos cuando fueran más mayores.
Julián era buen pintor, y pintó un cuadro de la playa de Benidorm. Detrás de ese cuadro, Julián y Belén, dejaron una nota pensando en sus nietos en la que pusieron lo siguiente: “Pensad en vuestros abuelos, y apareceréis en la playa de Benidorm con nosotros.”
Julián y Belén regalaron ese cuadro a sus hijos para cuando tuvieran nietos, y les dieron instrucciones para que ese cuadro lo vieran sus nietos y lo tuvieran en su cuarto.
Años después, los nietos de Julián y Belén, tuvieron ese cuadro en su casa de Madrid.
Los nietos, que eran muy curiosos, preguntaron a sus padres que de dónde había salido, y los padres les dijeron que se lo habían regalado sus abuelos y que debían tenerlo ellos en su habitación.
Seguían teniendo curiosidad por el cuadro, y un día, lo descolgaron de la pared y descubrieron la nota de sus abuelos en una esquina del marco. Así que decidieron seguir las instrucciones de sus abuelos.
Entonces descubrieron, ...seguir leyendo este cuento corto »
LOS PIRATAS Y EL TESORO PERDIDO
Había una vez un barco invisible en el que habitaban unos piratas malvados. Estos piratas, iban navegando por todos los mares y océanos buscando un tesoro muy valioso, se trataba de un tesoro perdido, al que, aún nadie, había logrado encontrar.
Los piratas y su barco, eran invisibles, pues sólo si eras un pirata, serías capaz de poder ver aquel barco navegando por los mares. Que fuera un barco invisible, les permitía a los piratas, llegar antes que nadie, a todos los tesoros perdidos, pues no dejaban ninguna pista a su paso.
Como siempre, los piratas se dirigían hacia un tesoro perdido del que nadie nunca había oído hablar, pero sin embargo, este tesoro era muy especial, pues guardaba un gran secreto…
Los piratas, siguiendo con la ruta que marcaba el mapa del tesoro perdido, estaban impacientes por llegar cuanto antes a aquel lugar, pues creían que seria el mejor tesoro que nunca habían visto. El barco invisible de los piratas ya se encontraba en la isla en la que se encontraba el tesoro, eran los primeros en llegar a la isla, así que estaban muy contentos.
Tal y como indicaba el mapa del tesoro, tenían que dirigirse tierra adentro desde la orilla de la playa, concretamente debían dar cien pasos en línea recta, girar a su derecha y dar ocho pasos más, y justo ahí, enterrado en la arena se encontraría dicho tesoro.
Los piratas, con sus picos y palas, se pusieron a cavar todo lo rápido que podían, se iban turnando cuando se cansaban. Pero de repente, cuando ya llevaban cavado bastante tiempo, chocaron con algo de metal…
“Por fin lo hemos encontrado“, dijo un pirata.
Habían encontrado un viejo baúl en el que debía encontrarse el tesoro. Justo cuando lo estaban abriendo para ver el tesoro perdido del que nadie había oído hablar, pero del que existía un viejo mapa que llevaba hasta él, se dieron cuenta de que el baúl se encontraba lleno de arena y con un pergamino en su interior.
Rápidamente, uno de la piratas muy cabreado, cogió el pergamino para ver si explicaba donde se encontraba el tesoro.
El pirata empezó a leer: “Si has llegado hasta aquí, ...seguir leyendo este cuento corto »
LA SOMBRILLA DE COLORES DE LA PLAYA
Como todos los veranos, Carlitos, junto a su hermana y sus padres, iban a la casa de la playa a pasar todo el verano, hasta que Carlitos y Laura comenzaran en septiembre de nuevo el colegio.
La familia solía ir todos los días a la playa así que solían levantarse muy temprano para ponerse en primera fila y no tener ninguna sombrilla delante de ellos.
Sin embargo, ningún día conseguían llegar los primeros, ya que Carlitos era muy dormilón, y aunque tenía un despertador que al sonar despertaba a su vecino, no era suficiente para que se levantara de la cama.
Su madre, cuando veía que Carlitos no se había levantado siempre subía a su cuarto para llamarle y decirle que sino se levantaba se irían a la playa sin él, entonces como un rayo de rápido, se levantaba de la cama…
A Carlitos le gustaba jugar con su hermana en la orilla de la playa, le encanta hacer castillos de arena, sin embargo, sus padres no le dejaban ir porque su sombrilla estaba de las últimas y desde ahí no podían verlos.
Carlitos se enfadó mucho con sus padres y estuvo durante toda la mañana sentado bajo la sombrilla mirando hacia el mar sin mediar palabra.
Mientras que estaba sentado, Carlitos estaba pensando en el hombre que tenía una sombrilla de colores y que estaba en la primera línea de sombrillas. Y se decía a él mismo,”ya podía ser mi sombrilla la que estuviera allí en lugar de la sombrilla de colores de aquel hombre“.
De repente, una fuerte racha de viento provoco que la sombrilla de colores de aquel hombre saliera volando por toda la playa. Así que, Carlitos se levanto y corrió a poner su toalla en primera línea para ...seguir leyendo este cuento corto »









