Cuentos de Payasos
PAYOTE EL PAYASO FELIZ
Ríanse todos, por favor, así empezaba todos los días su función el payaso Payoté.
Y niños y grandes, antes ya de empezar la función, tenían una gran sonrisa en los labios dispuesta para la carcajada en cualquier momento.
¡Ríanse todos!- Repitió, y empezó la función.
Ese domingo había muchos niños en el circo; todos deseando reírse tanto hasta desternillarse, todos menos Alicia, una niña que no conseguía sonreír por más que lo intentara, por que los payasos, y en este caso Payoté, le daban miedo.
Su hermana Ana, de 4 años, le decía: tranquila Alicia, si los payasos son muy buenos y solo nos quieren hacer reír. Pero este consejo, además de los que le daban sus padres, no conseguían que Alicia se relajara ni disfrutase.
Y Payoté saltaba, reía, daba brincos, incluso cantaba canciones, y niños y grandes daban palmas, hasta se ponían de pie para aplaudirle. Todos menos Alicia, como ya os podéis imaginar.
LA PACIENCIA DEL PAYASO JOB
Érase una vez, un payaso llamado Job, al que le gustaba tanto actuar en el circo, que no era capaz de soportar la espera de varias horas hasta que le tocaba actuar a él.
Hasta tal punto llegó la impaciencia de Job, que empezó a actuar antes de que abrieran las puertas del circo, por lo que, cuando llevaba ya un rato actuando, se daba cuenta de que no había nadie riéndose…. y empezaba a llorar.
Esta situación se repetía todos los días que había función de circo, y Job se deprimía tanto al ver el circo vacío, que una vez que se llenaba de público ya no era capaz de salir a actuar.
La trapecista María se dio cuenta de lo que le pasaba a Job, y fue a hablar con él. “Job, tienes que ser más paciente, porque te necesitamos. Si tú no sales cuando te toca, nunca seremos un circo completo, y no vendrán a vernos nunca más…”
¡VAMOS AL CIRCO!
Todos los años viene el circo Nueva Esperanza. Todos los niños esperamos ansiosos para ver el león cuando abre su boca grandota y ruge mostrando sus enormes colmillos.
El domador es un joven alto que pone su cabeza dentro de la boca del león y se escuchan los gritos de temor de todas las mujeres y niños.
Todos pensamos que le va a arrancar la cabeza de un solo mordisco. Pero no, el joven domador saca la cabeza sonriente de la boca del león y todos lanzamos un suspiro de alivio. Y es que el domador conversa con el león antes de cada función, el león lo mira y ruge como comprendiendo sus palabras.
Yo creo que son muy buenos amigos por la manera en que se comprenden y trabajan juntos. El domador usa el látigo en cada función, lo golpea contra el suelo y lo hace sonar como un silbido, así el león obedece.
Después sale de la oscuridad el mago Miguelito, todo vestido de negro que hace desaparecer a un tucán verde, con ...seguir leyendo este cuento corto »
EL PAYASO NADADOR
Había una vez un payaso al que le gustaba mucho nadar, y participaba en todas las competiciones de máximo nivel de todo el mundo.
Era un gran nadador, y además siempre iba vestido de payaso cuando nadaba, por eso le llamaban “el payaso nadador“.
El payaso nadador era tan bueno, que podía ganar todas las pruebas de piscina que se propusiera. Sin embargo, el payaso nadador era conocido por todos, por su forma de terminar las pruebas…
Y es que él siempre permitía que, en el último instante, le adelantara el que iba segundo, y le dejaba así ganar.
La gente le preguntaba, cómo se le había ocurrido ese número tan gracioso, cuando estaba en un momento tan importante, y se estaba jugando ganar los campeonatos mundiales… Y el nunca contestaba nada…
Hasta que un día, en una rueda de prensa, le preguntó un periodista: “Señor payaso nadador, nos encanta su número de circo, pero no entendemos por qué lo hace… ¿por qué se deja ganar siendo usted el mejor nadador del mundo?” ...seguir leyendo este cuento corto »
FLORIN, EL PAYASO BOMBERO
Había una vez, un payaso llamado Florín que siempre solía sacar al escenario, algún niño del público en sus actuaciones.
Como todos los días, justo antes de empezar la función, Florín el payaso, se puso sus zapatos rojos dos veces más grandes que su pie y se colocó la nariz roja.
La música del circo empezó a sonar y el desfile de payasos comenzó. Salían sin parar un montón de payasos de un camión de bomberos, uno, dos, tres, así hasta quince payasetes!! Todos iban disfrazados de bomberos y cuando ya se encontraban todos en el escenario, Florín mandó apagar las luces y ordenó que sólo quedara un foco de luz, que sería el encargado de elegir al niño que saliera hoy con los payasos. Un redoble de tambores que estaba sonando, se detuvo y el foco de luz ya había escogido al niño.
Carlitos, que así se llamaba el niño afortunado, salió al escenario junto a los payasos. Entonces, Florín le pregunto al niño: “¿Estás preparado para empezar la misión?“, a lo que Carlitos respondió: “claro que sí!!“.
Justo en ese momento, Florín cogió una nariz de gomaespuma roja y se la puso en la nariz a Carlitos. Cuál fue la sorpresa de éste, cuando todo el público empezó a reírse de lo gracioso que estaba con aquella nariz.
Pero de repente, los ojos del niño empezaron a ponerse brillantes, pues sentía que se estaban riendo de él, así que empezó a llorar y sin pensarlo más, se quitó la nariz que le había puesto Florín el payaso, y salió corriendo del circo.
Todo el mundo se quedó expectante por lo sucedido, los payasetes siguieron con el espectáculo, mientras que Florín fue en busca de Carlitos que se encontraba en la parte de atrás de la carpa del circo.
“Carlitos, ¿pero por qué lloras?” le preguntó Florín, el payaso.
EL PAYASO DEL CIRCO DEL SOL
El circo del Sol es un lugar mágico, en el que todos los niños y también los mayores, viajan a un mundo de fantasía e ilusión. Cuando empieza la función y apagan las luces, no se sabe que pasará… pero en un instante se ilumina el escenario y la carpa del circo se llena de luces de colores.
En el circo, hay un payaso llamado Fuchó, él es el encargado de hacer reír a todo el público con sus actuaciones. Sin embargo, un día, justo antes de empezar la función, Fuchó estaba triste y no tenía ganas de salir a actuar…
Su amigo, el trapecista, que pasaba por su camerino se paró a hablar con él: “¡Hola Fuchó! ¿estás preparado para salir al escenario?”. En ese momento, su amigo el trapecista, se dió cuenta de que a Fuchó, el payaso, le pasaba algo, pues aún teniendo la cara pintada con una sonrisa infinita y la nariz de goma, sus ojos estaban tristes…”¿qué te pasa amigo?” dijo el trapecista.
Entonces, el payaso Fuchó contestó: “Buenoo… es que estoy triste porque he perdido mi flor de la suerte y sin ella no puedo salir a actuar...”.
“Pero Fuchó, amigo, solo es una flor, aquí el único protagonista eres tú, es más, “¿quién consigue que todos los niños no puedan parar de sonreír?” ¿La flor? Nooo.., los niños te esperan a tí, quieren verte hacer tonterías, que tropieces una y otra vez!!” El trapecista, sin mediar palabra alguna se fue del camerino de Fuchó, dejando a éste sorprendido por la forma tan misteriosa con la que se marchó.




