Cuentos de Autoestima
EL HEROE DEL LLANTO
Luis era un niño de 6 años muy especial, al que le lloraban los ojos continuamente y no podía hacer nada por remediarlo.
Sus padres lo habían llevado al médico, pero les habían dicho que no sabían que le pasaba a Luis.
Luis estaba muy apenado por su problema, ya que no tenía solución.
Un día, sus padres le dijeron: “Luis, tienes que aprender a vivir con eso. Siéntete orgulloso de ser único y empieza a disfrutar de tu vida“.
A Luis le dio que pensar mucho esas palabras de sus padres, y asumió con un poco más de optimismo su problema.
Poco a poco, sin darse cuenta, Luis iba ...seguir leyendo este cuento corto »
LA ARDILLA CALVA
¿Habéis oído hablar de una ardilla que perdió todo su pelo cuando cruzó la carretera del bosque? Pues esa ardilla, es nuestra amiga Piti.
Piti siempre cuenta su historia, de cuando un coche le echó todo el humo del tubo de escape en la cara, al cruzar la carretera. Y a partir de ahí, a Piti se le empezó a caer el pelo poco a poco hasta que se quedó completamente calva.
Al principio, cuando veía que se estaba quedando calva, se horrorizaba y se escondía para que no le viera ninguna de sus amigas…
Pero poco a poco, se fue dando cuenta que sus amigas la querrían igual, calva o con pelo. Así que decidió salir más por el bosque, y además, ...seguir leyendo este cuento corto »
CLARA, EL HADA FEA
En el reino de la hadas, vivía una joven llamada Clara, a la que todo el mundo conocía como el hada fea. Durante toda su vida, corta, ya que Clara tan sólo tenía 17 años, había vivido escondida en su casa, pues se avergonzaba del aspecto de su cara.
La joven hada fea, tal y como era conocida en el reino de las hadas, tan sólo salía de su casa para asistir a la ceremonia de hadas que se celebraba todos los meses, y donde las hadas más mayores compartían su sabiduría con el resto de hadas.
Clara siempre salía con una mascara en la cara para que nadie pudiera ver lo fea que era, ya que cuando salía a una misión para ayudar a un niño en apuros, al final el niño le decía: “Fuera, fuera, vete de aquí hada fea“, y claro, la joven aprendiz de hada se ponía muy triste…, pues al final a nadie le importaba que fuera muy buena hada, sólo importaba que era fea.
Pero un día, cuando todas las hadas se encontraban reunidas en la ceremonia mensual, la luz se apagó de pronto, y un ejercito de brujas entró a secuestrar a todas la hadas que había allí para robarles sus poderes. Sin embargo, no consiguieron coger a Clara, ...seguir leyendo este cuento corto »
OLMI Y EL OTOÑO
Todo los años para la misma fecha, en Octubre, cuando llegaba el Otoño, Olmi el árbol, se ponía muy triste y dejaba de sonreír.
Olmi era un árbol de hoja caduca muy joven, al que le encantaba divertirse gastando bromas al resto de árboles del parque donde él vivía.
Pero de repente, justo cuando llegaba el Otoño, dejaba de hablar, y de gastar bromas, se ponía tan triste cuando veía que se le caían todas sus hojas al suelo que parecía otra persona.
Un día, un amigo de Olmi, planeó hacerle una fiesta sorpresa para que se animara y volviera a ser el mismo de antes. Lo tenía todo preparado, ya estaba todo a punto.
Olmi estaba a punto de irse a dormir, “Buenas noches a todos, que descanséis“, les dijo al resto de Olmos del parque.
Pero de repente, empezó a escuchar la música de su amigo El árbol Play, hecha con el ruido de sus ramas y con la boca.
La cara de Olmi era de asombro, ya que era la hora de irse a dormir… y no entendía que Play se pusiera a cantar. Y justo en ese momento, el resto de árboles empezó a tirar serpentinas y globos de colores. Le pusieron un gorro de fiesta a Olmi y le dijeron:
“Amigo, hoy es el día de tu fiesta de Otoño. Vamos a divertirnos“, le dijo su amigo, el árbol Play.
“Pero no tengo ganas de fiestas, sólo quiero irme a dormir”, dijo Olmi.
“Mira Olmi, tienes que fijarte en nosotros, y aprender que el Otoño no es triste. Nosotros los Olmos perdemos todas nuestras hojas en esta estación del año, pero para la primavera nos vuelven a crecer. ¡Así que venga anímate!”
Uno de los Olmos más viejos del parque, ...seguir leyendo este cuento corto »
MANOLITO Y EL SILBATO DE LA PROFE DE GIMNASIA
Manolito era un niño muy peculiar, que vivía en el centro de Madrid, junto a la Plaza Mayor. Manolito tenía 7 años y si había algo en el mundo que detestaba con todas sus ganas, eran las clases de gimnasia del colegio.
A Manolito no le gustaba nada hacer deporte, pero nada nada… hasta intentaba engañar a su madre, diciéndole que se encontraba mal, para no ir al colegio los días que tenía gimnasia. Pero su madre ya lo conocía muy bien…
Su madre estaba preocupada por él, ya que al no hacer ningún tipo de deporte, Manolito cada día que pasaba, estaba más gordito. Así que decidió ir al colegio para hablar con la profesora de gimnasia.
A la semana siguiente, Manolito, desanimado, se dirigia junto al resto de sus compañeros a la clase de gimnasia, sin saber que algo cambiaría en su vida.
La profe de Manolito, después de hablar con su madre, se dio cuenta que lo que le faltaba a Manolito era una motivación para hacer deporte, así que ideó un plan infalible…
La profe de Gimnasia sabía que a Manolito le encantaban las chocolatinas que le ponían en el comedor del colegio después de la comida, así que le dijo justo antes de empezar la clase:
“Manolito, hoy vamos a hacer un juego muy divertido en la clase, y tú serás el protagonista. El juego consiste en que cada vez que toque el silbato ...seguir leyendo este cuento corto »
EL DESEO DE LA PRINCESA
Hace muchos muchos años, en un reino muy muy lejano, existía un enorme castillo en el que se hallaba una joven princesa llamada Isabel.
La princesa Isabel acababa de cumplir 18 años, y como en todos sus cumpleaños, Isabel volvió a pedir el deseo de todos los años, justo antes de soplar las velas de la gran tarta de cumpleaños, que sus padres, los reyes, le habían regalado.
¿Sabes cuál era ese deseo que la princesa pedía año tras año?… Nadie en el reino, conocía el deseo que la princesa Isabel pedía cada año. Pero sin embargo, en un lugar muy lejano al reino de la princesa, se encontraba una bruja malvada que sí conocía el deseo de la joven princesita…
La bruja sabía cual era ese deseo, porque había sido ella quién le dio a la princesa una pócima con tan solo 3 años, pues tenía envidia de la gran belleza que ya tenía la princesa por aquel entonces, pues no podía soportar que fuera más guapa que ella.
Desde ese día, en el que la princesa Isabel, tomó la pócima de la bruja, el mismo día de su cumpleaños le crecía una verruga en la cara… Pero el día de su 18 cumpleaños, antes de soplar las velas la princesa pensó su deseo: “Por favor, quiero que se me quiten todas las verrugas de la cara“, y después sopló.
Como todos los años, el deseo de la princesa no se había cumplido, así que triste y cansada de que su deseo no se hubiese cumplido, decidió irse a dormir. Pero al día siguiente, algo inesperado ocurrió. Cuando la princesa Isabel se levantó y se miró al espejo, no podía creer lo que estaba viendo, así que se lavó la cara con agua fría, para ver si era una alucinación lo que había visto, pero no, era muy real.
La princesa Isabel se había levantado sin ninguna verruga en la cara, entonces gritó: “¡¡ Se ha cumplido mi deseo!!” y feliz y muy muy contenta, salió corriendo para decírselo a todo el mundo del reino.
Al otro lado del reino, se encontraba la malvada bruja pegándose cabezazos contra la pared, pues se equivocó en la fórmula de la pócima. La bruja no podía creerlo, ahora la princesa sería para siempre más guapa que ella.
FIN
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EL LIMONCITO DULCE
Había una vez, un limón llamado Limoncito, que vivía en el frigorífico de una casa de España.
Era tan tan dulce este limón, que cuando lo abrieron para probarlo, lo guardaron para hacer pasteles.
Cuando Limoncito se dio cuenta de que era especial, empezó a llorar porque el quería ser un limón normal, un limón ácido. “Buaaaaaah, yo quiero ser un limón normal, Buaaaaaah“.
Naranjita, su vecina del frigorífico, le dijo: “Limoncito, no llores. Te han reservado para ...seguir leyendo este cuento corto »
EL PAYASO DEL CIRCO DEL SOL
El circo del Sol es un lugar mágico, en el que todos los niños y también los mayores, viajan a un mundo de fantasía e ilusión. Cuando empieza la función y apagan las luces, no se sabe que pasará… pero en un instante se ilumina el escenario y la carpa del circo se llena de luces de colores.
En el circo, hay un payaso llamado Fuchó, él es el encargado de hacer reír a todo el público con sus actuaciones. Sin embargo, un día, justo antes de empezar la función, Fuchó estaba triste y no tenía ganas de salir a actuar…
Su amigo, el trapecista, que pasaba por su camerino se paró a hablar con él: “¡Hola Fuchó! ¿estás preparado para salir al escenario?”. En ese momento, su amigo el trapecista, se dió cuenta de que a Fuchó, el payaso, le pasaba algo, pues aún teniendo la cara pintada con una sonrisa infinita y la nariz de goma, sus ojos estaban tristes…”¿qué te pasa amigo?” dijo el trapecista.
Entonces, el payaso Fuchó contestó: “Buenoo… es que estoy triste porque he perdido mi flor de la suerte y sin ella no puedo salir a actuar...”.
“Pero Fuchó, amigo, solo es una flor, aquí el único protagonista eres tú, es más, “¿quién consigue que todos los niños no puedan parar de sonreír?” ¿La flor? Nooo.., los niños te esperan a tí, quieren verte hacer tonterías, que tropieces una y otra vez!!” El trapecista, sin mediar palabra alguna se fue del camerino de Fuchó, dejando a éste sorprendido por la forma tan misteriosa con la que se marchó.






