MAR DE SUEÑOS: Cap.II

Cuento infantil escrito por: Griselda Acosta

Un bello caos en puerta……….

Mientras tanto en la cocina, Mama Tiburona rosada, aleteaba de felicidad y con un poco de dolor, ya que su pequeña pecesita, le salía los primeros colmillitos, y más de una vez ésta le propinaba unos buenos mordiscos. En el cuarto contiguo, Din, el tiburoncito mediano, inventaba como cazar peces ratones, el ruido incesante de la caída de la puerta de la trampa tenía a la familia locos.

Tita, la bebe tiburoncita, traía de una aleta a papá y mamá, no sólo con los incesantes mordiscos, sino que ya la tremendita quería salir del castillo, la pequeña soñaba con nadar con sus hermanos mayores y conocer las maravillas de ese mar que su madre le describía cada noche en sus cuentos.

Spunit le dedicaba tiempo a la pequeña, al igual que Din. Éstos le querían enseñar las miles y una cosas. Mientras la mamá Tiburona rosada hacía el descanso de la tarde, los tres salían al solar de su casa a ver las miles de especies que pasaban por el extenso vidrio de cristal de roca, que se veía desde la cocina.

La bebe Tita, se pegaba al cristal, y balbuceaba un sinnúmeros de nuevas palabras: A come, a come, a freí, a freí. Sus hermanos, no hacían más que reírse, ya que su pequeña hermana, ya quería estrenar sus colmillos.

Spunit al igual que los otros miembros varones de su familia tenía unas bellas aletas azules, con unos ojos negros rasgados. Din, los tenía un poco marrones, y su hermano le gastaba cada bromas,… ¡Din tiene ojos de culebras, marrona,marrona!!!

Una broma traía otra, y eso traía como consecuencia un bochinche mayor en el castillo del acantilado, a veces era tanto el alboroto, que uno que otro guardia se acercaba al hogar para verificar si todo estaba bien.

No olvidan una vez, cuando la consiguieron haciendo burbujitas con el cereal de algas, no sabía como la pequeña Tita podía hacer eso, el asombro era mayúsculo, ya que en toda la habitación lo que sobraba era algas de todos los colores, al llegar mamá tiburona del baño, y ver tanto desastre, no le quedo más que reírse de las ocurrencias de su pequeña. Por lo menos tres días se le pasaron quitando las algas de la cocina.

Continuará…

 

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