UN PARAISO LLAMADO DAUCH (I)

En medio del gran océano existía una gran isla con altas montañas y profundos valles surcados por caudalosos ríos que regaban la abundante vegetación que crecía por todas partes. Se trataba de un auténtico paraíso para el desarrollo del ser humano. En esa isla vivían diversas tribus en un equilibrio permanente con su entorno. Se alimentaban de los bienes que la naturaleza circundante les prodigaba y se protegían utilizando materiales y refugios naturales. Mientras los recursos eran abundantes, de cada tribu surgían otras nuevas que se asentaban en espacios colindantes. Así, crecía el número de habitantes y el número de tribus.

La isla estaba dividida en dos partes bien diferenciadas, separadas por una formación montañosa de cimas muy altas. Los habitantes de cada una de las partes, al principio, no tenían noción de la existencia de la otra parte. Creían que el mundo era todo aquello que veían y a lo que tenían acceso. Unos veían salir el sol por el mar y ocultarse por las montañas, mientras los otros veían justo lo contrario. Esta percepción configuraba en ellos creencias, tabúes y rituales normalmente diferentes para las dos partes. En realidad y sin saberlo, estaban configurando dos alternativas a una civilización humana. Por esta razón llamaremos a la isla DAUCH.

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