LA PRINCESA SINCERA

Érase una vez una princesa, llamada Tani, que vivía en un castillo muy muy grande.

Los padres de la princesa, es decir, los reyes, querían que se casara con un apuesto caballero, llamado Norman, que les visitaba mucho por un tema de tierras que tenían entre manos, por lo que Tani y Norman se veían mucho.

Sin embargo, ella no le quería, y aunque se llevaba bien con Norman, no le gustaba mucho, ya que Norman era muy fanfarrón.

Un día, la princesa Tani, estaba hablando con Norman de la reestructuración que los reyes iban a hacer en el castillo, y de repente, Norman cambió de tema, y le dijo a Tani: “Tani, me gustas mucho, me gustaría pasar el resto de mi vida contigo..

La princesa se quedó asustada, pero en vez de decirle un “NO” rotundo, le dijo: “Norman, eres un caballero muy apuesto, pero me gusta ser sincera con todo el mundo, y te voy a decir las cosas que no me gustan de tí: Eres un fanfarrón, ya que te gusta alardear de la ropa que llevas, cuando realmente la ropa no es nada importante en una persona, además escupes en la calle como si no pasara nada y a mí eso me da mucho asco, y por último, no voy a casarme contigo porque mis padres lo digan, yo me casaré con el hombre al que quiera realmente.

Norman reflexionó mucho sobre lo que había dicho la princesa, y al principio se sintió mal por cómo le veía ella a él, pero luego se alegró de que se lo hubiera dicho, porque las cosas que le había dicho las podía cambiar, no era su personalidad lo que le molestaba, sino los modos en que se comportaba.

Y así, Norman empezó a ensayar el no fanfarronear con la ropa que llevaba, y empezó a sentirse bien vistiendo más humilde. También aprendió a evitar el escupir en la calle para no parecer tosco y desagradable, y también se sintió mejor con esto. Y finalmente, fue a hablar con los reyes, para pedirles que no le hablaran a la princesa Tani de él, y así ella no se sentiría presionada.

Tani y Norman seguían compartiendo momentos juntos, y Tani empezó a darse cuenta del cambio en modales que había dado Norman. Y al ver que no hacía cosas grotescas, empezó a fijarse en más detalles de él, y empezó a gustarle.

Al final la princesa se enamoró y se casó con él.

Así fue como la sinceridad de la princesa, da la oportunidad al caballero para reflexionar y cambiar algunos pequeños detalles que le hacían sentirse mal a ella.

La sinceridad ayuda a las personas a encontrar soluciones para muchos problemas.

 

FIN

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