LA FAMILIA DOMINO

En cierto país lejano, en el castillo del poderoso rey que lo gobernaba, en el más grande de los salones, había una gran estantería, en cuya parte más alta siempre estaba la caja en la que habitaba una familia dominó. Como todos los seres que habitaban el castillo, la familia dominó tenía que cumplir con su trabajo, que consistía en ponerse al servicio del rey y sus amigos cuando se reunían para jugar la partida de dominó.

La familia dominó estaba formada por veintiocho miembros, también llamados fichas, aunque cada uno tenga su propio nombre. Y como en todas las familias, además de su nombre, cada uno de sus miembros tenía su propia personalidad.

Quien mejor conocía a la familia dominó era Cronsos, el sirviente encargado de los juegos del castillo. Cronsos tenía que mantener en perfectas condiciones a la familia dominó, pasar revista a todas las fichas después de cada partida y colocarlos ordenadamente en la caja, que luego depositaba cuidadosamente en la parte más alta de la gran estantería. Conocía muy bien a todos sus miembros por su nombre de ficha, que era fiel reflejo de la personalidad de cada uno. También los conocían bien los jugadores, que se referían a ellos por su nombre y apellido que siempre eran números, aunque a veces utilizaban apodos.

Cronsos sabía cómo debía colocarlos en la caja,

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