UN MUÑECO DE NIEVE EN APUROS

Cuento Infantil para niños/as; creado por: El Equipo de Cuentos Infantiles Cortos

Cuando Rigoberto se cruzó con aquella montaña de nieve en mitad del prado, no sabía como reaccionar. A primera vista parecía que una pequeña avalancha había ocasionado el derrumbe de la nieve hasta formar una blanca montaña, pero Rigoberto sospechaba por la naturaleza de la montaña, que alguien se encontraba debajo de aquel desastre, y él quería ayudarle.

Empezó a quitar nieve de encima de la montaña, y a pesar de que se estaba dando prisa para que quien estuviera debajo se sintiese libre, no había manera de conseguirlo. Por mucha nieve que se quitase, siempre había la misma simulando la forma de una montaña.

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Fue entonces cuando Rigoberto cayó en la cuenta de lo que estaba ocurriendo. La famosa montaña de nieve no era otra cosa que un muñeco de nieve con vida y en apuros. El muñeco no quería salir de su escondrijo para no sentirse mal, ya que estaba en mitad del prado y no había ningún niño jugando con él.

Rigoberto con una actitud bondadosa y comprensiva intentó trasladar la montaña de nieve hacia un lugar donde estuviese más a la vista de los niños, y no molestara en mitad de ningún camino. Y así lo hizo, poquito a poco, el muñeco de nieve fue relajándose y permitía que Rigoberto le trasladase a un lugar más seguro y atrayente.

Cuando terminó de moverlo, se acercó a él y le dijo:

– “Muñeco de nieve, ya puedes salir de tu montaña, estás en un lugar privilegiado para que muchos niños te vean y jueguen contigo, y además te he traído una bufanda de colorines, un peine para tu boca, dos botones para tus ojos y una zanahoria de nariz, y además, ¿cómo quieres que te llame?”.

El muñeco algo tímido empezó a asomar su cabeza por la parte superior de la montaña, Rigoberto pudo comprobar que tenía ojos, así que los botones no le harían falta. Enseguida el muñeco se desprendió de toda la nieve que había hecho de montaña sobre él durante tanto tiempo, y miró fijamente a Rigoberto mientras le decía:

– “¡Qué bueno eres niño!. Llevo aquí encerrado mucho tiempo, tanto que he olvidado mi nombre, ¿quieres ponerme tú uno, por favor?”.

Rigoberto muy emocionado empezó a pensar en un bonito nombre para el muñeco, y le dijo:

– “Te llamaré Botoncito, porque lo único que conservas son tus ojos de botón, ¿te gusta?”.

El muñeco asintió con una sonrisa en los ojos, y enseguida Rigoberto le puso el peine en la boca para que también pudiera utilizarla para sonreír. Le puso la bufanda y la nariz, y Botoncito se convirtió en el muñeco de nieve más feliz de la historia.

Empezó a vivir en el lugar donde Rigoberto le había situado, y donde muchos niños le visitaban y le conseguían complementos para su cuerpo redondo. Como hacía tanto frío durante todo el año en aquella zona, apenas se derretía cuando llegaba el verano, y las visitas de niños sonrientes y felices, sobretodo en la época de Navidad, era constante.

Botoncito aprendió a vivir feliz por existir y por ser tan importante para todos los niños del mundo, era un muñeco de nieve humilde y solidario, cuyo principal afán en su vida era hacer reír a los niños, y a los adultos que le miraban nostálgicamente.

FIN

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