LAS GENUFLEXIONES DEL GALLO VELOZ

CAPÍTULO I

Hace muchos, muchísimos años, en un lugar muy lejano, había un país situado en un inmenso valle, gobernado por unos ancianos reyes. Al igual que en todos los estados de aquella época, estos reyes tenían un poder absoluto sobre los ciudadanos, pudiendo hacer y deshacer a su antojo.

La vida allí transcurría monótona y aburrida desde hacía siglos, hasta que un buen día un acontecimiento singular vino a turbar esta monotonía.

Todo empezó una mañana de un día primavera.

Un objeto, veloz como una ráfaga de luz, atravesó el país de norte a sur y de este a oeste.

¿Qué ha ocurrido? Algo ha pasado a mi lado a la velocidad del viento. Ni  siquiera he podido ver lo que era.

Todos los ciudadanos estaban sorprendidos y asustados. El misterioso objeto estuvo desplazándose de un lugar a otro durante dos días enteros, hasta que al fin se detuvo justo en la capital. Los vecinos no podían dar crédito a sus ojos y pronto el temor se convirtió en curiosidad y perplejidad por el espectáculo que estaban viendo.

¿Qué es este ser tan extraño y al mismo tiempo tan familiar? Si parece un…

Sí, efectivamente, era un gallo. Un enorme gallo de un metro noventa de altura (más de dos metros si incluimos la cresta), con las formas, proporciones y colores de cualquier otra ave de su especie, sólo que éste era de un tamaño colosal.

Pasados los primeros momentos de estupor una sensación de placidez y alegría comenzó a invadir a los habitantes de la ciudad; sentimiento éste, por cierto, totalmente desconocido para ellos. Tristburgo no era precisamente la tierra de la alegría, todos vivían su existencia de una forma lánguida y temerosa. Este carácter quedó impreso en todos sus habitantes por designio real desde los más remotos tiempos.

Sin embargo, algo había en la inesperada visita que les movía a un cambio total de carácter. ¿Qué podría ser?

Pániker, un hombre que gozaba de gran prestigio por su sabiduría, se atrevió a dirigir unas palabras al gallo, más para intentar calmar al animal que con la esperanza de recibir respuesta.

Gallito bonito, tranquilito, estás entre amigos.

– Ya lo sé, si no, ¿por qué crees que he venido hasta aquí? -respondió el gallo-

Se hizo un silencio absoluto. Todos escuchaban pasmados, con la boca abierta. La voz que salía de su pico tenía un sonido dulce y grave, perfectamente modulado; parecía una de esas músicas que invitan al descanso y a la serenidad de ánimo.

Que voz tan bonita – dijeron varios niños -. ¿Os habéis fijado?, está sonriendo.

Efectivamente, sonreía, no se sabe como pero sonreía, aunque esto sea imposible en cualquier animal y más en un ave que no tiene boca, sino pico.

Poco a poco se fue haciendo un corro alrededor del gallo y al cabo de un rato, sin que nadie dijera nada, todos se sentaron en el suelo impacientes por oír lo que el gallo les tuviera que contar.

Me llamo Xtrgh. Vengo de una tierra muy lejana buscando un lugar donde quedarme a vivir, no me preguntéis por qué, no lo sé ni yo mismo. Sólo quiero estar en un sitio tranquilo, rodeado de amigos y charlar a todas horas. También me gusta mucho correr, como ya habréis observado. En estos dos días he recorrido todas las ciudades, campos, calles y casas de vuestro hermoso país. He podido observar vuestra forma de vivir y me ha gustado. Lo único que no me agradaba era lo tristes que sois, pero he podido comprobar un gran cambio en vosotros desde que habéis empezado a hablar conmigo; ahora parece que sois felices. Por tanto, mi decisión está tomada, esta será mi tierra, aquí viviré el resto de mi vida.

Se oyó un grito de júbilo en todas las gargantas. Había en el aire una emoción inmensa. Xtrgh, tan solo con su presencia, había cambiado sus vidas, tornando sus ánimos tristes en una nueva sensación de alegría de vivir.

Pániker, haciendo gala de su habitual ciencia dijo:

Me encanta su decisión. Ahora quedan sólo dos problemas por resolver. El primero el de su endemoniado nombre; es imposible que lo pronuncie un humano, así que a partir de ahora le llamaremos “Gallo Veloz”. El segundo problema es de más difícil solución. Como todos sabéis, en Tristburgo las leyes nos obligan a ser ciudadanos lánguidos y tristes desde hace cientos de años, nadie recuerda desde cuando. Lo que sí sabemos es que un cambio de actitud puede costarnos la cárcel. La única solución posible es que “Gallo Veloz” vaya a ver a los monarcas y les convenza de que cambie la ley. Estoy seguro de que lo conseguirá.

Mientras escuchaban atentamente la disertación, de una manera inconsciente, se daban un ligero masaje en las mandíbulas, doloridas por la sonrisa bobalicona que no habían abandonado ni un momento. Era la primera vez que daban una utilidad tan prolongada a estos músculos faciales.

¡No!, – dijo “Gallo Veloz” – no visitaré a los reyes. No me preguntéis por qué.

Todos aceptaron su respuesta, confiando en la solución del problema más adelante. Ahora lo único que querían era disfrutar para siempre de la presencia entre ellos del fantástico gallo que había llegado a sus vidas de una forma tan providencial, llenándoles de dicha.

Cuento escrito por: Eduardo R. Ayllón.

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5 pensamientos en “LAS GENUFLEXIONES DEL GALLO VELOZ

    1. Eduardo R. Ayllón

      Muchas gracias Guadalupe. M;e alegra mucho que te guste el cuento del Gallo Veloz.
      Un cordial saludo.

      Eduardo R. Ayllón

    1. Eduardo R. Ayllón

      Ma alegro mucho de que te guste el cuento Deleeyn, sobre todo me gustan tus palabras “inspirador” y “hermoso”. Muchas gracias y recibe un cordial saludo.

      Eduardo R. Ayllón

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