LA SANDIA TOMATINA

Cuento Corto para niños/as, escrito por: Ulica Tizaber

Había una vez una sandía de un color rojo muy intenso, de ahí su nombre, Tomatina, que siempre se quedaba en los estantes de los supermercados. Nadie la elegía para llevarla a casa y probarla, y ella no sabía porqué, y veía que todas las amigas que se iban en los carritos de la

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compra, la miraban con cierto pesar.

Un día, analizando las miradas de sus compañeras, llegó a la conclusión de que todas expresaban algo negativo, tristeza, ira, rabia… Tomatina nunca había sentido esas emociones y se sentía afortunada por ello, porque se imaginaba que sería algo desagradable que le haría sentirse mal.

– “¿Porqué me mirarán así cuando se van?, ¿y porqué no soy yo la que se despide de las demás?”. – Se preguntaba constantemente.

Era un día cualquiera, y Tomatina estaba durmiendo, de pronto oyó algo que la asustó:

– “Vamos a elegir una sandía, menos esa que es una enana”.

Tomatina abrió los ojos, y vio que se referían a ella. Ahora entendía muchas cosas, la consideraban pequeña y por eso nadie la elegía. Se sintió muy enfadada y comenzó a temblar de rabia. Ahora podía decir que ya sabía lo que era sentir algo negativo.

De tanta rabia acumulada, Tomatina se rompió por un lado, y dejaba ver su interior, rojo, muy rojo, tan rojo que parecía un tomate. Y allí se quedó, además de pequeña ahora estaba rota, así que los sentimientos negativos empezaron a invadirle, hasta que comenzó a llorar de tristeza. Una compañera suya, muy verde por fuera, y un poco pálida por dentro, le dijo:

– “Tomatina, no llores. Alégrate de ser una sandía muy roja, que son las más dulces. Y por el tamaño no pasa nada, a las que somos muy grandes como yo, tampoco nos quieren”.

La sandía entristecida escuchó las palabras de su amiga, y pensó:

– “Qué egoista he sido. Solo me he fijado en mí, mis amigas grandes, rosas, medianas, rojas, todas han sentido tristeza y rabia antes que yo, y yo lo único que he hecho ha sido preocuparme de pensar porqué no me elegían a mí. Ahora entiendo sus miradas, me miraban diciéndome que disfrutara de mi suerte”.

Al día siguiente, uno de los empleados del supermercado vio que Tomatina estaba rota, y se la llevó del lado de sus amigas. La sandía sabía cual era su final, los empleados para almorzar, la probarían, y ella dejaría de ser una sandía.

Aún así, se sintió orgullosa de ser tan dulce, porque seguro que les encantaría probarla, y pensarían que era una pena que no hubiera más como ella. Ahora que era ella quien se despedía de sus amigas, las miró de la misma manera que a ella la habían mirado anteriormente, pero con un resquicio de sabiduría y valor en sus ojos.

FIN

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