Cuentos infantiles - Lucia la obediente

LA PINTADORA DE CUENTOS

Cuento Infantil Corto para niños, escrito por: Chien

Había una vez una pintadora de cuentos. Ella No sabía que lo era hasta que lo descubrió por casualidad. Creo que nunca pensó en lo que era. Era joven todavía, aunque no se acordaba ya de sus días de niña con tanta facilidad. Eso sí, era una mujer práctica y muy resuelta porque había entrenado sus pensamientos para que la ayudaran a resolver problemas.

Alguna vez, que se permitió pensar más allá de soluciones, decidió que era una “resolvedora” y no dio más rienda a esos pensamientos vanos, para ocuparse, vaya a saber de qué otros rompecabezas. Le gustaba su papel, todos de alguna manera habían leído su pensamiento, y si la tenían que nombrar la llamaban “la resolvedora”.

Cuentos infantiles - Lucia la obediente

Durante muchos años acomodó las ideas de los dispersos, encauzó el trabajo de los que dudaban, sugirió el rumbo a los perdidos, zamarreó a los que no se querían poner en marcha. Se podía decir que para ella estaba todo bien. Lo que más se admiraba de ella era que sabía en cada caso lo que había que hacer y lo hacía.

Cada minuto de su vida estaba muy bien ocupado y todo se ordenaba a su paso, no existían las distracciones, las demoras, los chismes por donde ella caminaba.

Pero un día, sucedió algo que le hizo reaccionar de modo diferente. Al costado de su camino contempló sentado un niño: flaquito, ojitos tristes, como acurrucado en sí mismo. Nadie se le acercó para consultarle o pedirle ayuda para el crío. Tenía una cualidad, registraba a las personas cuando se le acercaban a requerirle alguna asistencia, por lo que aquel niño había sido una excepción a su sistema de percepción. Ella se dio cuenta que algo había cambiado en su sistema de detección.

– Las madres que se ocupen de sus hijos. – Pensó. – Y yo me ocupo del problema que me traigan las madres. – Resolvió con total seguridad.

Quiso continuar su ronda, pero sus pies no quisieron hacerle caso. Se volvió hacia el pequeño y dando unos pasos hacia él se acuclillo a su lado. Otra vez sintió que algo estaba pasando en su interior.

Le cogió la mano y sus miradas se juntaron humedeciendo el aire con una bruma fría.

Definitivamente algo está pasando. Su costumbre no era mirar sino escuchar con atención lo que la gente le pedía. Le observó retratando su alma. Él tenía el hambre del que no espera comida porque sabe que el alimento no lo puede saciar. Ella de la nada se puso a pintar un hermoso cuento, lleno de colores y pájaros, de madres e hijos que juegan revolcándose en el césped. De cachorros trayendo pelotas brillantes a las manos de sus pequeños dueños. Un cuento de padres que remontan barriletes y abuelos que juegan al chinchón.

Después le dio un beso en la sucia frente del chico que se levantó muy despacio y sin sacarle la mirada de sus ojos se volvió saltando a su hogar.

– Adiós hijo. – Murmuro mientras lo veía marchar.

Ponerse de pie duró una eternidad y a medida que se extendía le fascinó la idea de que no era la misma. Sus pensamientos tampoco. Todavía quedaban los colores del cuento, las imágenes, se escuchaban las risas entre sus palabras. Estaba convencida que no podría ser más “la resolvedora”.

Volvió al camino, sintió que no era el mismo camino. Su juicio estalló en sueños y  supo en ese preciso momento que siempre fue “la pintadora de cuentos”.

FIN

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Resumen

Cuento Infantil de una niña llamada la pintadora de cuentos, era muy organizada y resolutiva, ayudaba a todo el mundo a organizarse. Cumplió su sueño.

3.3
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