LA PEQUEÑA SEMILLA

Cuento Corto para niños/as, escrito por: Romina Alejandra Ortega Bustos

En un pequeño jardín de una casa en el campo había muchas plantas, flores y hortalizas. Este jardín estaba dividido por unas cercas de madera. En uno de los lugares estaban las flores y las plantas y en el otro extremo había una huerta en la cual Don Jacinto, el dueño del jardín, plantaba verduras y hortalizas.

En el rincón de las plantas y flores había una pequeña semilla. Era la más pequeña de todas y sólo tenía el brote de una diminuta hojita. A su alrededor crecían una infinidad de flores: rosas, lirios, calas, violetas, tulipanes y margaritas.

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El problema era que la pequeña semilla no crecía, a diferencia de las plantas y flores que la rodeaban.

Las plantas observaban día a día a la pequeña semilla y le decían:

– “Eres muy simple y fea, nunca crecerás!”.

Mientras que las flores se burlaban y reían a carcajadas y le decían:

– “Mírate en los charcos de agua, no tienes coloridos pétalos como nosotras, solo tienes una simple y fea hoja que se asoma desde tu brote”.

La pequeña semilla lloraba desconsoladamente y se lamentaba: – “¿Por qué no crezco?… ¿por qué solo tengo una hoja mientras que las demás tienen hermosos colores y largas hojas?”

En el jardín de Don Jacinto las flores y las plantas cantaban dulces melodías. Estaban muy felices porque faltaban pocos días para que el invierno terminara. Pero la voz de la pequeña semilla no se podía oír, ya que tenía un tono muy bajo que apenas se escuchaba con tantos cánticos.

La pequeña semilla se sentía muy triste, todas las demás flores y plantas eran muy amigas y a ella la ignoraban.

Un día Don Jacinto se acercó al jardín con sus herramientas de jardinería y en una de sus manos un macetero con una planta de arvejas. La planta tenía un reluciente color verde en sus hojas. Don Jacinto la tomó y la trasladó, ubicándola al lado de la pequeña semilla.

La pequeña semilla la miraba con gran asombro al ver su tamaño. Tímidamente se decidió a hablarle y con su suave voz murmuró: – “¡Que grande y hermosa eres!”.

La planta verde observó a su alrededor y se dio cuenta que la dulce voz provenía desde abajo. La miró y le dijo:

– “Oh, pero que pequeña eres. Apuesto que cuando llegue la primavera tú serás una hermosa y alta flor, solo tienes que esperar que el tibio calor de los rayos del sol te iluminen y que Don Jacinto te riegue con un poco de agua”.

Era el último día de invierno y unas nubes grises cubrían el cielo. De repente comenzó a llover con tanta fuerza, como si Don Jacinto arrogara abundante agua desde el cielo.
Las flores y las plantas estaban asustadas pues el viento soplaba con tantas ganas que sus pétalos y hojas comenzaban a desprenderse de ellas.
Afortunadamente, la pequeña semilla estaba protegida por su nueva amiga. La planta verde cubría a la semilla con sus largas hojas y le dijo:

– “Pequeña semilla, la lluvia ya terminará, no temas, yo te protegeré!”

Al día siguiente, la planta verde despertaba rápidamente, pues los rayos del sol iluminaban sus hojas.
– “Despierta querida amiguita” -Gritó la planta a la semilla.

Ésta ya no era una simple y pequeña semilla, ¡Había crecido más de diez centímetros y ahora le habían brotado varias hojas!
Al mirarse en los charcos de agua se preguntaba

– “¿Qué seré?, ¿una planta o una flor?

Pasaron los días y en el jardín de Don Jacinto comenzaba a recibir unos pequeños visitantes. Las abejas vestidas con su amarillas y rayados uniformes viajaban de un lado para otro, las mariposas volaban con sus coloridas alitas y las chinitas recorrían las hojas del jardín con sus rojos vestidos.

¡El jardín le daba la bienvenida a la primavera!
La llegada de los insectos dio origen a nuevas flores y las plantas comenzaron a crecer.

La pequeña semilla creció y creció hasta sobre pasar a la mayoría de las flores. Al paso del tiempo comenzaron a aparecerle unos dorados pétalos desde su cabeza y al mirar su reflejo en una de las ventanas de la casa y exclamó con mucha felicidad:

– “¡Que grande y hermosa soy, ahora soy un girasol!”

Las flores y plantas comenzaban a murmurar sobre los cambios de la semilla y estaban muy arrepentidas por sus burlas anteriores, así que decidieron pedirle perdón.

El girasol sin rencor las perdonó y desde entonces se hicieron muy amigas, prometiendo que nunca más se burlarían de ninguna semilla, planta o flor por más pequeña o simple que fuera.

Y al final gracias a los muchos viajes de los amigos insectos, nacieron más semillas de las cuales brotaron y se convirtieron en otros girasoles.

FIN

– Moraleja del cuento: La moraleja no trata acerca de la belleza interior, sino de la capacidad latente de crecer y mejorar más allá de las expectativas de los demás. Nos quiso decir que cada uno de nosotros es capaz de llegar a ser mucho más de lo que los demás esperan. Es decir, somos libres de cualquier tipo de etiquetas que los adultos mayores nos hayan puesto de pequeños. Si alguien se burló de nosotros señalando algún defecto, al crecer podemos superarnos y sacar provecho de nuestras deficiencias al convertirlas en fortalezas.

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7 pensamientos en “LA PEQUEÑA SEMILLA

  1. muy hermoso felicitaciones,por compartir,como docente me siento feliz.

    Los cuentos son los más maravillosos para los estudiantes del tercer nivel, ya que ello están con las ansias de aprender a crear cuentos y a informarse de todo, los felicito por el alcance, es por el futuro DE LOS HOMBRES DEL PERÚ.

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