EL VIEJO Y EL CASERON

Cuento Corto para niños/as, escrito por: Mabel Beatriz Sierra

Había una vez un hombre mayor de 75 años aproximadamente, era alto, canoso y siempre usaba un bastón. Era rico y vivía solo, se llamaba Fausto, tenía una hija que se llamaba Eugenia. Ésta vivía  en Londres, a la cual hacía mucho tiempo que no veía.

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Era su primera noche en el caserón del acantilado, terminó de redactar la carta donde le explicaba todo a Eugenia:

– “Querida hija, hace mucho tiempo que no nos vemos, y quisiera saber como te encuentras y que algún día vuelvas. En casa hay mucha soledad quisiera volver a verte pronto, ya se que estás con tu trabajo, pero te pido hija mía que no me olvides, ya sabes que me queda poco tiempo, por favor espero tu respuesta pronto. Tu padre que tanto te quiere” Fausto.

Al poco tiempo se fue a dormir. Sonaron doce campanadas en el reloj del salón, prefirió no pensar que estaba completamente solo, casi estaba por dormirse cuando le llegó el ruido de la habitación de arriba, había duda, algo se arrastraba trabajosamente por el piso. El señor se paró en las escaleras, miró hacia la habitación de arriba, sigilosamente subió, solo se escucho el crujir de la madera. Consiguió entrar y observó…….. Y de pronto…….! de un golpe se abrió la ventana. Fausto se asustó y dio un paso hacia atrás, pero una voz que salió de un rincón oscuro le dijo:

– “No te asustes, soy yo Eleonora” 

Al oír estas palabras, el pobre viejo se sorprendió y con lagrimas en los ojos
contesto:

– “Eleonora, mi querida Eleonora, ¿porque te marchaste? ¿Por qué?

Ella respondió: – “Querido mío, jamás te abandoné, yo siempre estuve a tu lado y ahora he venido a buscarte, quisiera que vengas conmigo.”

El hombre contestó diciendo:  – ” Pero…? ¿y mi hija? Quisiera verla y despedirme de ella.”

La mujer respondió:

– “No te preocupes por ella, que estará bien.”

El pobre viejo se despertó, miró a su alrededor y se encontró en su cama. Entonces se dio cuenta que todo había sido un sueño. Solo quedó grabado en su mente, ese sueño..el de su esposa, que hacia tiempo había fallecido.

Su querida hija Eugenia, que jamás fue a verlo, sintió un profundo dolor y una lagrima corría por su mejilla, ya pálida y un poco fría. Acurrucado en su cama sintió mucho frío y cansancio, solo cerro sus ojos y entró en un sueño muy largo del que nunca despertó.

FIN

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