EL TRAJE NEGRO DE LA LUNA

Cuento Infantil para niños/as, creado por: Alejandro Lérida

El circo llegó con el amanecer. Bajó un tímido sol que era como un huevo pequeñito que incubaba el nuevo día, como una moneda de poco valor que no se toma en serio. Conquistaron las calles con banderas rojas, verdes y amarillas, de todos los colores. Y las metálicas trompetas y trombones como husmeando el sonido que contenía el aire, que desfilaba anunciando que el circo estaba ya en el pueblo, y con él los habilidosos malabaristas con sus bolas, mazas, sus aros, anillos, antorchas y cariocas de fuego.

Para dormir a un elefante

Las nubes torcían el gesto, se ponían gravemente, cada vez más, de peor humor, con el severo semblante de quien ha de traernos la justicia; y el sol como una moneda pequeñita, sin luz apenas entre la sucia billetera de los crudos nubarrones; y los elásticos contorsionistas arqueando la espalda y contrariando los pies con la cabeza absurdamente, quitándose y poniéndose el sombrero con sus extremidades inferiores, lanzando una flecha con un arco.

Los ágiles acróbatas y los tiernos saltimbanquis haciendo equilibrismos y dando volteretas bajo el cielo, por aquí y por allá, bajo los muchos nubarrones que sacaban la monstruosa lengua de un relámpago, saltando por encima de la bestia, y ahora sirviéndose, mejor, de los cuernos del astado para impulsarse y realizar una vuelta de campana sobre el lomo; y marchando entre bombos y platillos el vistoso arcoíris de payasos y zancudos, forzudos, titiriteros, volatineros y los magos repartiendo por el mundo paragüitas en llamas y palomas felices de múltiples colores.

La lluvia cayendo de repente con todo el desastroso peso que el mundo podía soportar, orgullosamente, sobre los domadores de serpientes y tigres y leones; y las feroces jaulas rugiendo sin cesar bajo la lluvia. Un altanero látigo de pronto subrayando el agua, ¡zas!, hiriendo tantas gotas fragilmente, ¡zas!, ¡zas!, como el débil cristal que salta clamoroso por los aires, en miles de minúsculos pedazos. Se asustó una cuerda y cedió luego, entonces el mastodóntico aguacero era un elefante blanco y grandullón, como una luna llena, huyendo libremente de sus adiestradores, cruzando presuroso a esa otra calle colindante y cortada, ocasionando algo más que una sorpresa. La gente mascullando, gritando, tambaleándose, aterrorizada,

– ¡El elefante!, ¡el elefante!, ¡el elefante!

Las sirenas sonando ansiosamente, el caos era desaforado, y hubo una orden firme, desgarradora, de un tamaño enorme, ante lo que constituía solo una probabilidad entre muchas de que no ocurriese una desgracia verdadera.

El inocente y noble paquidermo corría, enloquecido, despavorido, como una estampida de uno solo, vertiginosamente, sobre los cláxones furiosos del paseo, hasta pisar alguno y sus ojos más veloces que las ruedas, y el húmedo septiembre exhalando su silueta incontrolable, embistiendo ahora contra un árbol con furor y, derrumbándola en pedazos, contra la vidriera azul de un escaparate, contra la engreída fuente de piedra bajo el agua, el agua que lo desorientaba y que lo derribaba,

– ¡El elefante ha caído!, ¡el elefante ha caído!

Circo en Madrid. Actividades para niños

Siempre se levantó, con la soga al cuello del diluvio, contra el agua lanzando severas jabalinas contra el ingenuo blanco de su piel, barritando borrosamente el miedo por su boca, hasta irrumpir inmensamente por el parque como una blanca tempestad errante como afirmaban los testigos, como un brutal plenilunio a ras de césped. Las coloradas espinas de las rosas y los pisoteados pétalos de sangre lo agigantaban por momentos, dejando tras de sí toda inclemencia y un rosal igual de repugnante como hermoso.

Se horrorizó entonces un paraguas de colores, pero después, no hay explicaciones a lo que había de acontecer, el crío se conmovió y corrió tras su sombra colosal, interminable bajo el agua, llorando alegremente, y así, sin demorarse en su causa ni un momento, fue reclutando nuevos cómplices por todo el pueblo, un niño, dos niños, tres niños, puerta a puerta, calle a calle, plaza a plaza, incorregiblemente; y así más tarde vinieron otros niños que oyeron las noticias correr como las balas y lo siguieron, ni uno más, ni uno menos, todos los niños, corriendo detrás de un elefante, y eso y no otra cosa debía de ser la felicidad, hasta que de un instante a otro, mientras que el agua le enseñaba hasta el último diente, sus afilados colmillos, los agentes le hirieron para pararle.

El elefante dobló las patas contra el barro, entre todos los agentes. El elefante falleció rodeado de niños.

La tormenta paró, pero no las lágrimas.

La trompa y el marfil abrieron en dos la tierra largamente. Se embarullaban los ojos de los niños, duramente mojados. Luna-Llena tuvo su descansó infinito en el pueblo.

No hubo luna en muchas noches.

FIN

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5 pensamientos en “EL TRAJE NEGRO DE LA LUNA

    1. Cuentos Infantiles Cortos

      Hola! Nos alegra mucho que los abuelos también les dediquen tiempo a sus nietos y les lean cuentos, es una buena enseñanza.

  1. elisabeth martinez marquez

    me gustan los cuentos infantiles porque tengo a mis peques y les gusta que les lea un cuento antes de dormir.

    Responder

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