CASTILLOS DE ARENA

Cuento Infantil para niños, creado por: Luciano

Las lágrimas de Arena

Verano… ¡ Que época alegre y calurosa! Sentir la arena de la playa en tus pies. Oír las olas impactar sobre la orilla del agua. Darse un buen chapuzón. Sentir el ardiente sol en el cuerpo. Relajarse en el mar. Escuchar el bello sonar de las aves. Las gaviotas revoloteando y surcando los cielos. Son muchas cosas las que uno disfruta allí. Ah! Por poco me he olvidado, el heladero con dulces bombones de chocolate rellenos, y los refrescantes palitos de agua y fruta.

cuentos infantiles - el cuadro de la playa

Mi hermano Ignacio y yo Matías, preparábamos el equipaje con toda nuestra ropa, protectores solares, toallas y por cierto… ¡ Nunca nos olvidamos de los trajes de baño! Mi papá cargaba en el auto todas las valijas, bolsas, maletas y todo nuestro equipo en el baúl. Nos íbamos al mar y a la playa por una semana. Mi mamá nos preparaba el desayuno. Compró en la panadería de la vuelta una deliciosas medialunas y facturas de membrillo, estaban para chuparse los dedos; como esas en este barrio, no había. Bebimos un café con leche y comimos algunas galletas de chocolate. Esas exquisiteces nos calmaron el hambre y la sed, nos llenaron totalmente la barriga.

Luego de esta delicia de desayuno seguimos cargando el equipaje y luego partimos con el auto hacia nuestro destino, la playa.

En el camino, pudimos observar el bello paisaje que nos rodeaba, altas montañas al horizonte y el radiante sol que le brindaba luz. Entre todo se destacaba el color verde de las pasturas.

Mas tarde, de un largo y agotador viaje habíamos arribado, mi papá trataba de buscar alguna cabaña para hospedarse y dormir como nunca lo hizo, luego del cansancio de conducir, además de que Ignacio interrogara, ¿Ya llegamos? cada 3 segundos. En fin desempacamos todo allí, mi hermano y yo fuimos a probar las camas, saltamos e hicimos de todo en ellas, se nos ocurrió comenzar una gran pelea de almohadas pero mi mamá nos detuvo a los dos.

Mi papá se tiró de un salto a la cama de su habitación a tomar una siesta. Mientras tanto mi mamá nos proponía hacer una caminata hasta la playa y luego zambullirnos al agua para refrescarnos ya que había un calor extremo.

Ansiosos, nos vestimos con los trajes de baño, nos aplicamos protector solar y llevamos las toallas.

Fuimos por el camino de tierra, los caballos trotaban en un descampado a nuestro costado.

Al llegar todo era como me lo imaginé, un inmenso e interminable mar. Los parasoles ocupaban todo el territorio, los vendedores de helados, churros y deliciosos pastelitos. La arena fina masajeaba mis pies. Crustáceos, cangrejos y otros moluscos. Era mi sitio favorito donde me sentía en armonía.

Mamá no se había olvidado del mate, el termo, la pelota y las sillas.

Nos sumergimos en las aguas heladas y jugamos al boley con la pelota en el mar. Mientras tanto, nuestra madre permanecía acostada sobre la toalla tomando sol mientras leía una revista.

Nos entretuvimos con millones de cosas. Al salir, casi morimos del frío ya que el clima estaba caluroso pero en algunos casos traía vientos helados. Bebimos mate caliente con ella en las sillas playeras y devoramos hambrientos los churros rellenos de dulce.

Papá se había despertado de su eterno cansancio y regresó con nosotros. Con él hicimos castillos de arena de todo tipo, forma y tamaño. Jugueteamos con la arena, buscábamos cangrejos bajo las rocas, de todo un poco.

Caía la noche, nos dirigimos hacia la cabaña y con mi papá comenzamos a colectar leña, ramitas e iniciamos un gran fogón. Mientras mi mamá lavaba y preparaba las verduras para la ensalada. Cenamos un deleitable asado (al parecer nuestro apetito no se marcha nunca). Así pasamos y disfrutamos los días, vivimos una verdadera y gran aventura.

El último día al anochecer cenamos unas milanesas con papas fritas que complacieron mi estómago. Luego fuimos a la cama, era la última vez que observaría la playa y el mar. Así que huí del alojamiento y fui nuevamente hacia el agua y a la arenisca fina que amaba. Me senté sobre ella, mis lágrimas caían al suelo y la mojaba.

– No quiero irme de aquí, dije. Extrañamente me quede allí toda la noche, sin pegar ojo, abrazado a la arena, al lado de mi castillo…

 FIN

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3 pensamientos en “CASTILLOS DE ARENA

  1. Renata

    Hola eso me imagine que se traa de un chico pequeño, bien yo creo que hay que aplicar lo de las clases de español en el colegio para el cuento ;comienzo,nudo y desenlace, porque aunque el tema pueda ser interesa debe haber una trama para mantener al lector entretenido, hizo falta un dialogo que se utilizan para cosas importantes manifestando emociones; alegría,rabia, tristeza.
    Cuando se expresan ideas se utiliza el guión largo como por ejemplo:
    -¿Ya llegamos?- Ignacio interrogara,cada 3 segundos.
    aunque no se note mucho son largos.

    ¡Bueno hay mucho camino que recorrer, tienes la imaginación para redactar historias que es importante!

    Responder
    1. Luciano ( Autor)

      Hola Muchisimas gracias por tu sugerencia en mis otros cuentos que escribi te tendre en cuenta.. gracias ¡¡

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