CARITA DE LUNA, LA NIÑA QUE NO SABIA SONREIR-1ª PARTE

Cuento Infantil para niños/as, creado por: Juan Valdés

Aquí empieza una historia sencilla. Sin trampas, sin sapos ni mentiras. Este es un cuento para los ojos, para la barriga y las abuelas. Comencemos, caracolas, porque cuando terminemos habrá pasteles de chocolate y gominolas…

Carita de Luna es una niña muuuuy grande. Va a cumplir pronto unas horas, unos días y unos meses, pero parece que tenga muchos años, por lo menos veintisiete. Esta niña es tan grande, que cada día tiene que estrenar ropa nueva. Su madre es zapatera, y a mediodía, cuando las personas que suelen ir a comprar, descansan y hacen la siesta, aprovecha para coserle botines hechos con piel de cocodrilo, suelas de goma, cordones de seda y lengüetas color turquesa.

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Mientras tanto su padre, un modisto que atiende a clientes ricos y con cara seria de bizcocho, le teje a diario muchos jerseys, desde las tres hasta las ocho.

Como podréis imaginar, Carita de Luna comía mucho y muy bien. Por eso crecía tan deprisa. Al día siguiente de nacer ya se alimentaba de pan y garbanzos, setas de monte, uvas pasas, pescado del mercado, carne tierna con salsa, naranjas azucaradas, gazpacho, paella de conejo y tomates, sobre todo muchos tomates. Tenía la panza regordeta, las piernas y los brazos más fuertes que una camioneta. Cuando abría la boca mostraba sus dientes blancos de nata, con los que se mordía de vez en cuando los dedos rollizos de las manos y los pies.

A veces era buena y obediente, también traviesa y despierta, de mirada pizpireta y sincera. Su cabeza era redonda y apenas tenía pelo. Sus cabellos negros asomaban poco a poco, como si tuviesen miedo de salir. Pero sobre todo, lo que más llamaba la atención era la luz que desprendía su rostro, su cara era tan brillante y resplandeciente que competía con el sol, tanto que podía incluso quitarle la sombra a las sombras. Por eso la llamaban Carita de Luna. 

Había aprendido en muy poco tiempo lo bonito que es entender las palabras, a hacer el pino hacia atrás, a montar a caballo, a saludar con respeto a las personas mayores, a dar besos y arrumacos, a hablar por teléfono y a contar las nubes del cielo. A algunos les podrá parecer sencillo, pero en realidad no es nada habitual para las horas, los días y los meses que había cumplido. Los profesores más listos de los colegios más famosos de las ciudades y los pueblos más cercanos y lejanos, estuvieron de acuerdo en que Carita de Luna también era muy lista.

Sin embargo, por raro que pueda parecer, había una cosa que todavía no conseguía hacer: sonreír. Sus amigos y familiares, venidos de todas las tierras y los mares, intentaban hacerle reír con chistes, haciendo el mono loco, imitando a las gallinas, poniendo muecas de sardina… Y no había manera. Pensaron que nada le hacía gracia, que no tenía sentido del humor, pero Carita de Luna entendía perfectamente el significado de todo lo que hacían y decían. Después de cada actuación siempre les agradecía el esfuerzo, juntaba las manos, se las ponía en la espalda, se giraba y continuaba su camino.

-“Me parece que nunca voy a poder reír”, -decía contrariada siempre al concluir cada espectáculo.

Sus padres, que siempre habían sido muy risueños y chistosos, se preguntaban cómo era posible este hecho. Los dos querían muchísimo a su hija, aunque no supiera o no quisiera reír, pero de todos modos decidieron que quizá ya era hora de buscar a alguien que la ayudara.

Y lo primero que hicieron, como es lógico, fue llevar a la niña al médico de la risa. Carita de Luna se quedó sorprendida cuando vio al doctor Amadeo, que se llamaba así no porque fuera gracioso, si no porque era muy feo. Era especialmente alto, desgarbado y flacucho, tenía los ojos saltones de besugo, orejas muy pequeñas que parecían habichuelas, nariz larga y respingona, usaba gafas de culo de vaso, tenía las manos enormes y el culo plano. Lo que más destacaba en cualquier caso era su profunda, gigante, imparable y formidable sonrisa. No sabía abrir la boca sin reír, así que hablaba riendo, comía y masticaba riendo, cantaba riendo, soplaba riendo, respiraba riendo, hacía pedorretas riendo, lloraba riendo y, cómo no, se reía riendo…

Continuara……..

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2 pensamientos en “CARITA DE LUNA, LA NIÑA QUE NO SABIA SONREIR-1ª PARTE

  1. lottusse madrid

    ¡Muy didactico! Ciertos motivos. Manten este criterio es un blog genial. Tengo que leer màs articulos como este.

    Saludos

    Responder

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