BRUJAS – 1ª Parte

Nuevo Cuento Infantil para niños/as, creado por:  Patricia Castañeda

Daban las siete de la noche y los papás de Cindy, llevaban fuera una hora en el bufete de Abogados y como era la mayor, se quedó al cuidado de sus tres hermanitos: Luis, Rafael y Lily.

Mientras los chicos jugaban a las damas en la sala, Lily intentaba una y otra vez pararse de manos (esta chica jamás se rendía, y si era un reto de gimnasia, menos, aunque terminara en un hospital toda chueca).

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Cindy andaba en el ático, buscando algo; según ella, hace años vio tras la puerta de vidrio de un cuartito dentro de la catedral, una caja, la cual nunca había oído hablar y deseaba conocer su interior, pero siempre cambiaba de sitio. Ese día sería la excepción, pues vio donde la colocaron por última vez, en el ático. Había más polvo que cosas y una ratita peluda caminando hacia un claro, con otros cuatro ratoncitos, detrás suyo y bajo la caja había un ciempiés patón. Acto seguido encendió su aspiradora de mano y quitó el polvo junto con ciempiés patas arriba, de allí más aliviada retiró las cosas una por una. Había de todo, en eso a mitad de la caja encuentra un libro, al parecer recién adquirido. Ella pensó que era su regalo de cumpleaños por ser vísperas y lo tenían guardado en donde ella menos pensaba; el libro se le resbala y la portada se queda en sus manos, el volumen era antiguo y olía como si hubiera viajado por todo el mundo, asimismo tenía una dedicatoria: “Al acabar de leer este libro, por favor poner su nombre atrás, gracias”. Fue entonces al epílogo del libro y vio un lista, se iba a disponer a leer el primer nombre y de repente….

 – ¡Cindy! -Llama Luis. Se oía una pelea de las buenas entre él y Rafa, solían agarrarse por cualquier cosa.

 Así que Cindy que era muy lista para solucionar cualquier problemita y niñera experta a prueba de chocolates de menta, cogió el libro y salió hacia su alcoba.

– Chicos adivinen! encontré éste libro de historias de gente loca.  – No supo de donde se le ocurrió esa frase, pero al menos llamó su atención. -¿Quieren que les lea? -Expresó con una emoción enorme. En ese momento dejaron de pelear y le prestaron atención.

– Vengan a mi cuarto, vamos a leer. – Invitó Cindy. Fueron primero a avisarle a Lily.

Cuando todos estaban a su alrededor sentados y listos para el cuento, Cindy sin querer se giró hacia la ventana y vio la luna, se mostraba hermosa y misteriosa, por ello no cerró la ventana, además estaban en primavera, era una sensación única y se dispuso a leer. Miró a sus hermanos con una sonrisa nerviosa y sonrojada y prosiguió buscando algo para narrarles, quitó todo el polvo al libro y empezó a leer en voz alta, el titulo era: “Brujas

–  “La luna que todos conocemos, no es sólo es eso, existe una leyenda donde las brujas, no sólo viajan en escobas en las noches de luna llena cruzando los cielos nocturnos como todos sabemos, sino residen allí, cuenta ésta leyenda que la reina…” – Y fue interrumpida por Luis que no creía una sola palabra del libro, Rafa tuvo que hacerlo guardar silencio pues la historia estaba interesante, acto seguido Cindy retomó la lectura:

– “… de nombre Antuané, con una hermana (se desconoce al padre, aunque muchos aseguran que es el rey del cinturón de asteroides Altgor), se hace llamar Jork…” – Cindy se quedó sin palabras. El libro comenzó a mostrar imágenes del cuento en vivo, las letras se transformaban en sitios e iban emergiendo personas, ella era la única que se había dado cuenta; asustada tiró el libro, sus hermanitos la miraron, no comprendían nada; ni señalando las imágenes del libro, pudieron verlas; por ello Lily tomó el libro y continuó leyendo, Cindy y los demás se acercaron, pero ella seguía viendo aquello; ahora el libro mostraba a una mujer de vestido blanco y tez clara pidiendo auxilio encerrada en una reja, su voz era imperceptible y pronunciaba al parecer algo, pero muy difuso, Cindy con mucho esfuerzo logró captar C-I-D C-IN IN-D-, se acercó más al libro y percibió: –¡Cindy ayúdame!, en eso Rafa estornuda y llena de polvo el libro, la imagen había desaparecido, esta vez todos vieron lo ocurrido, y voltearon a mirarla.

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– ¿Estamos alucinando? – preguntó asustado Rafa.

– Tú también lo notaste ¿O esto es un sueño?, pellízcame – pidió Lily. Pero cuando Rafa iba a pellizcar a su hermanita, vieron a Cindy, tipo trance, señalando la ventana, donde claramente se apreciaba la luna (con los cráteres bien delimitados) y de ella venía un humo color gris, dando la sensación de pedir ayuda.

Cindy aún en una especie de trance, cogió la escoba de su cuarto, se monto en ella, corrió de atrás hacia delante retrocediendo tres pasos y dando un brincó (por un momento pensaron que era una broma, pobre final de su desesperada hermana), pero no, saltó de la ventana, flotó y fue derechito  hacia la luna por el camino de humo, dejando a los chicos sorprendidos. En eso Lily bajó corriendo al primer piso, sus hermanos no entendían nada.

 – ¡Mujeres! Todo por luna llena – dijo Rafa.

Pasó como una media hora y en eso Lily sube con una escoba, media apolillada sacada del ático, y convence a sus hermanos para ir al rescate de Cindy. Ellos no le hicieron caso al inicio, pero tampoco comprendían como su hermana había volado; por ello, dejaron una nota indicando que iban al cine. Acto seguido montaron la escoba y recordaron lo que hizo ella (correr de atrás hacia delante y saltar por la ventana), se fijaron en el camino de humo plomo, se estaba esfumando, pronto desaparecería, sólo Lily estaba convencida de lograrlo, pues creía en todas las historias de su mamá contadas de noche. Se lanzaron entonces a la aventura, retrocediendo tres pasos y avanzaron apurando la velocidad, en eso llegaron a la ventana, Rafa y Luis cerraron los ojos gritando de miedo, se imaginaban la caída (menos mal que había una piscina para salvarlos). Luis en ese momento pensó que jamás volvería a comer un helado de menta, su favorito, y nunca regresaría al colegio, donde estaban sus súper patas. Rafa sólo podía razonar que eran muy pesados para una escoba tan vieja; mientras Lily tenía fe en la fantasía y no dudó en creer.

Los segundos pasaban desde el salto por la ventana, de pronto sintieron que descendían en caída libre, los chicos abrieron los ojos de golpe, vieron la piscina y la distancia acortándose.

 – ¿Por qué no comí otro helado de menta? – lloriqueaba Luis.

Continuará……………….

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