AUREA, EL HADA DE LAS ALAS DORADAS

Cuento Infantil para niños, escrito por: El Equipo de Cuentos Infantiles Cortos

En el país de las hadas de colores sólo había una con las alas doradas, era Aurea, la cual sin saber la causa, siempre estaba alicaída y triste mientras volaba.

Todas sus amigas le preguntaban continuamente:

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– “¿Qué te pasa Aurea?, ¿porqué estás triste?”.

El hada muy tristona y casi llorando, contestaba:

– “Me falta algo en mi vida, estoy aburrida de verme siempre las alas doradas, de volar por encima de todas vosotras, de ser la responsable de todo esto. ¡Me supera lo que hago!”.

Aurea siguió volando y se dirigió a su casa, en la copa del árbol más alto del bosque. Allí se quedó dormida de tan cansada que estaba de llorar sin parar.

El hada de las alas plateadas, Agatha, no podía ver a su amiga así de triste, así que tuvo una excelente idea. La organización de su comunidad era de esa manera, porque la abuela de Aurea lo decidió. Ella tenía las alas de color platino, y se proclamó el hada superior en el bosque, y era esta jerarquía la que estaba entristeciendo a Aurea.

Agatha reunió a todas las hadas de alas de colores lisos, alas estampadas, con lunares y alas rayadas, y les dijo lo siguiente:

– “A partir de ahora en esta comunidad, todas seremos iguales, desaparecerán las jerarquías, y cuando surja algún problema, será Aurea quien, como heredera de este legado, decida la solución a tomar. Espero que todas estéis de acuerdo”.

Todas las hadas asintieron y enseguida volvieron a sus tareas. La verdad es que para ellas no cambiaba mucho su vida, pero para Aurea sería un cambio radical y muy favorecedor.

Agatha hizo una visita a Aurea mientras dormía. Sin despertarla, le puso polvo de ala multicolor en sus alas, y le dijo al oído:

– “Tranquila amiga, estarás mejor que nunca”, – y se marchó sin dejar rastro.

Cuando Aurea despertó, sintió que el humor que le invadía era diferente, estiró sus alas y al ver que eran de todos los colores posibles, sus ojos se abrieron mucho, sorprendida y feliz.

“¿Qué ha pasado mientras dormía?, no recuerdo haber tenido ningún sueño extraño”, – dijo el hada de las nuevas alas.

Cuando se reunió con sus amigas, éstas la vieron sonreír y desprender un polvo multicolor por todo el cielo, que también les hizo sonreír y sentirse contentas. Aurea no podía explicar lo que había pasado, lo único que hacía era contagiar su sonrisa, y mostrar sus preciosas alas.

Aurea dejó de volar por encima de las demás, ahora volaba a su misma altura, y parecía haber encontrado aquello que pensaba que le faltaba. Nunca nadie le contó lo sucedido, y un buen día, mientras volaba con sus amigas de alas estampadas, vio a Agatha agachada en el bosque, con un tono grisáceo apagado, que le hizo preocuparse realmente por ella.

Cuando llegó a su lado, Agatha tenía la misma actitud que Aurea en su día, el hada de las alas multicolores le dijo:

– “Agatha, amiga, ¿qué te sucede?. No estés triste, la vida merece la pena vivirla sonriendo. Acuérdate de lo que me pasó a mí hace unos meses. Dormí un poco y todo cambió. Descansa y ya verás”.

Agatha le hizo caso, y Aurea cuando su amiga estuvo dormida, se acercó a ella y le dijo:

– “Te devuelvo el favor, gran amiga”, – y le puso en las alas, un poco de polvo de sus alas.

Cuando Agatha despertó y sintió que todo volvía a ser diferente, fue a buscar a Aurea y le dio una abrazo fuerte, fuerte, fuerte. Las dos amigas se miraron y se dijeron al mismo tiempo:

– “Compartiremos nuestro secreto”.

FIN

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3 pensamientos en “AUREA, EL HADA DE LAS ALAS DORADAS

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