EL CUENTO DE ALAN Y EL SUBMARINO – 2ª Parte

Cuento Infantil para niños y niñas, creado por: Isella Carrera (Perú)

Alan estaba tan maravillado con el simple hecho de estar dentro del mar. Que no dejaba de contemplar por las ventanillas a los miles de peces de todas las distintas especies que hay en el mundo. Cuando empezó a creer que no había un lugar más maravilloso que ese, de pronto, fue llevado por Atina, la extraña mujer, hacia un ambiente donde el techo era transparente y se podía ver con mayor amplitud el fondo del mar.

cuentos infantiles - el cuadro de la playa


— ¿Así que quieres saber si existen las sirenas? — preguntó Atina.

— Sí —contestó Alan mientras asentía con la cabeza.

De pronto Atina sacó un silbato plateado en forma de concha de mar y empezó a soplar suavemente.

— Es el sonido de la magia del océano, – dijo mientras sonreía ampliamente al niño.

Alan se quedó estupefacto mirando como el techo transparente del submarino se copaba por una serie de peces interminables como realizando una danza clásica muy parecida a las que había visto en la tierra cuando sus padres lo habían llevado un día al festival de danzas amazónicas.

—Y es que todo en el mundo cumple un ciclo perfecto, cada movimiento, cada halo de colores, cada estación, hay belleza desbordándose por el universo, la belleza no tiene que comprenderse sino sentirse. – dijo Atina, sensibilizada por la tierna expresión del niño.

—Yo también he visto los campos de colores, como tú, allá arriba también existe belleza, como también existe caos. Cuando la belleza empiece a lidiar con el caos, ganará la belleza y tu mundo será un poco como el mío, una planicie llena de calma, solo es cuestión de esperar.

—¿Atina, porqué vives en un submarino?

– Porque extraño esta calma, ya antes fui una estrella de la constelación más lejana, disfrutaba mucho ser una estrella; nunca dejas de brillar y como siempre estás iluminando todo a tu alrededor, no te sientes triste porque sabes que haces felices a los demás, aunque estés lejos de ellos. Después, pasaron miles de años, me desintegré y caí en la tierra, fue así que me convertí en una flor de borrasca. Me maravillaba ser del color azul más limpio que jamás haya existido, luego mis pétalos fueron cayendo uno a uno y antes de desaparecer el viento me hizo llegar al mar. Cuando llegué al mar, pensé: ¡qué equivocada he estado!, mis pétalos azules no eran más bellos que el color del mar, mucho menos si sales a la superficie y buscas tu reflejo con el de la luna. Esa noche permanecí en la superficie y me vi en el reflejo del mar. Era un pétalo de la flor de borrasca conjugada por el reflejo de la luna, recuerdo muy bien que pensé: ¡Ah, este sí es el azul etéreo más bello, que jamás haya existido! Alan, ese día comprendí que todos en el universo somos un poquito de todo lo que existe.

—¿Y entonces, después?, -preguntó Alan, maravillado por la historia de Atina.

—Decidí quedarme a vivir en el mar, en forma de sirena, respondió Atina.

— ¿Eres una sirena?, – preguntó Alan, anonadado por estar junto a una sirena de verdad, que ya se convertía en su amiga.

Atina, tomó nuevamente el silbato y soplo de forma distinta. De pronto los peces se fueron desapareciendo del techo y llegaron siete criaturas. ¡Eran sirenas!

— Pero tú, tú… tienes pies, no tienes aletas, no puedes ser una sirena, ¿Por qué entonces vives en un submarino y no en el agua?

– Lo que pasa Alan, es que ya antes fui estrella, después una flor de borrasca y luego me mimeticé con el agua y decidí ser una criatura noble del mar. Pero antes de ser una de esas exquisitas criaturas, una sirena, debo aprender a vivir como ellas, es por eso que las observo todos los días, debo asimilar que cuando esté viviendo allí afuera del mar, no volveré a extrañar ser una flor o una estrella. Debo estar segura que no volveré a extrañar el cielo o la tierra, porque perteneceré para siempre al mar.

— ¿Es por eso que vives en este submarino?, – le preguntó Alan, quien empezaba a entender lo que Alina realmente estaba esperando.

– Sí

— Atina, ¿y cuando fuiste una flor de borrasca, extrañabas ser una estrella?

— No, yo disfruté cada momento en que fui una flor, las personas sonreían cuando me veían, a veces sentía algunos flashes que me hacían recordar lo mucho que brillaba cuando era una estrella y me sentía orgullosa de haber sido una y de poder tener cosas a mi alrededor que me recordaran ese tiempo. Y cuando sentía el viento, era como si me acariciara cada partícula del universo.

— Entonces Atina, no tengas miedo de ser sirena, estoy seguro que cuando veas el azul intenso del mar, recordarás el tiempo en que fuiste una bella flor de borrasca y cuando el mar se muestre intempestivo sabrás que es porque el viento acaricia las aguas y en cada movimiento recordarás cómo fue aquel tiempo en que el viento acariciaba tus pétalos.

Los ojos de Atina se iluminaron y pensó en la certeza en las palabras del niño.

– Seré una sirena Alan – dijo mientras sonreía y seguía viendo sobre el techo a las sirenas nadar.

– Y después Alan, sé muy bien en qué quisiera convertirme. Solo los niños conocen cuán reales son los sueños.

De pronto se escuchó el chasquido de los dedos de Atina y Alan parpadeó. Cuando volvió a abrir los ojos, estaba en la playa, sentado en la misma piedra. Vio a lo lejos como Maya, Alex y sus padres llegaban corriendo hacia él, del otro lado de la playa.

— ¿Dónde has estado Alan?, te hemos buscado por todas partes – le dijo su madre mientras le daba un fuerte abrazo junto al resto de la familia.

— Mami, te queda muy lindo ese vestido verde. Creo que algún día fuiste una hermosa alga marina, por eso siempre nos traes a la playa y te gusta tanto el agua.

– ¡Ay Aldo! —replicó su madre— ya luego me contarás dónde estabas, lo importante es que te encuentras bien. ¡Vamos a arreglar nuestras cosas, porque nos vamos a casa!

En ese instante, Maya se quedó observando el ocaso.

— ¿Sabes Aldo?, alguna vez habré sido una montaña bañada por el mar, porque siempre tengo miedo que el agua desplome la tierra con su fuerza.

— Es hora de irnos Maya, nunca te lo he dicho, pero creo que sí, fuiste una montaña, de seguro te gustaba observar el cielo desde lo alto, pero prefieres la permanencia. Por eso ahora eres una niña que sueña con construir cosas extraordinarias que duren para siempre.

FIN

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