EL CUENTO DE ALAN Y EL SUBMARINO – 1ª Parte

Cuento Infantil para niños, creado por: Isella Carrera (Perú)

Era una mañana muy soleada e interminable. Alan, Alex y Maya fueron a la playa Tortugas con sus padres. Al fondo de la bahía se visualizaba una montaña enorme parecida a una isla, que parecía ser bañada por las aguas interminables del Pacífico.

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Alex, quien era el hermano mayor, se encontraba haciendo castillos de arena a orillas de la playa mientras su hermanita Maya ayudaba con el agua a deshacer cada pequeña torre que el construía.

—Debes estar muy aburrida, Maya ¡Ve a jugar con Alan!, ¡quiero terminar mis castillos! —dijo Axel.
— ¡Ay, está bien!—dijo Maya, quien realmente se encontraba un poco aburrida en la playa, ya que sus padres estaban tomando una siesta, su hermano Alex construyendo castillos, que a su parecer no tenía ninguna gracias pues en minutos iban a desaparecer cuando la corriente de agua suba y Alan, su hermano menor…

Alan estaba solo observando el mar, sentado sobre una grandísima piedra.
—Alan, es solo agua, deja de mirar tanto el mar y vamos a jugar. ¡Ya sé!, vamos a construir castillos como Alex, pero los haremos con piedras, así el de nosotros no se derrumbara facilme. — dijo Maia abriendo sus grandes ojos marrones.

Alan no le respondió esta vez y siguió contemplando el ruido de las olas o el sonido de las aguas invisibles.

—Maya, ¿tú crees que existen las sirenas?

—Sí, eso fue lo que vimos en televisión? ¿Te acuerdas?

—Sí, sí, pero me refiero a sirenas de verdad, a criaturas que habiten en el agua para siempre, o mejor aún pienso en un mundo desconocido debajo de la superficie. Imagina que quizás estemos pisando arena en estos momentos pero debajo de nosotros pudieran estar diez sirenas haciendo una ronda y cantando. Ahh… debe ser un lugar mucho más divertido si es que existe el mundo submarino, ¿no crees Maia?

— Estas delirando por el sol, Alan—le contestó.—Iré a ayudar a Alex con sus castillos, ya sabes no entres al mar, papi y mami nos lo prohibió.

Alan, se negó a contestarle nuevamente y siguió observando el mar. Por algún motivo, Alan no se sentía comprendido, era el único de sus hermanos que observaba el mar con curiosidad e idealismo, que observaba la montaña que cuidaba la playa como si fuera una torre indestructible.
Después de veinte minutos, Alex y Maya terminaron de construir un hermoso castillo de arena.

Alex quien era muy perfeccionista, había pensado en cada detalle al construirlo, como por ejemplo pequeñas ventanitas por donde sus muñecos, que serían los huéspedes de los castillos, podrían observar el ocaso por el este. Después de haber ayudado a construirlo, Maya comprendió que aunque todo ese trabajo se iba a derrumbar fácilmente con el agua, era lo suficientemente excelso y bien valía la pena contemplarlo aunque sea por poco tiempo.

— A veces suceden cosas fantásticas que duran unos segundos — le dijo Alex.

Minutos después subió la marea y el agua derrumbó delicadamente sus castillos.
Alex y Maya se miraron y repitieron al mismo tiempo: ¡Vamos a construir más ¡con una enorme sonrisa.

—Sí, pero esta vez, busquemos a Alan, vamos a necesitar ayuda. Haremos los más grandes castillos de arena que se hayan hecho en esta playa, dijo Alex.

—Está bien, yo iré a buscarlo, respondió Maya.

Maya buscó por toda la orilla de la playa a Alan, pero no lo encontró. Luego regresó donde estaba Alex y los dos pensaron que lo mejor era despertar a sus padres.

Cuando sus padres se despertaron, empezaron a buscar incesantemente a Alan, no había manera de que haya caminado hacia las casas, pues estaban en una área cerrada y con vigilancia. Mientras seguían buscando, Alan se encontraba dentro de la fantasía más maravillosa de su vida, en el mundo submarino.

— Bienvenido a nuestro submarino, aquí podrás estar todo el tiempo que quieras. ¡Que cierren las compuertas! – Dijo una mujer muy amable de cabellos rojos y rasgos atigrados.

Continuará………..

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