GINCEA, LOS VIEJOS LINAVA

RELATO CORTO

nº 7 de la serie “GINCEA”

Gincea era un planeta grande, comparado con la Tierra, y sus condiciones climatológicas eran muy similares. Disponía de una superficie en la que alternaban grandes lagos y océanos con vastas zonas sólidas. Los océanos eran muy profundos y las zonas sólidas tenían abundantes elevaciones. Su atmosfera también era similar a la de la Tierra. En la extensa lista de planetas habitados por civilizaciones linava, posiblemente ninguno reunía condiciones tan parecidas a la de la Tierra. Algunos de esos planetas disponían de una atmosfera pobre en oxigeno, pero los linavas se adaptaban a casi todos los medios.

Los linava eran seres livianos, capaces de surcar la atmosfera de Gincea, sus inmensos y profundos océanos, así como vivir en los humedales y zonas sólidas del planeta, incluidos los desiertos. Sus necesidades energéticas eran cubiertas de forma autónoma, utilizando directamente la energía de su estrella Tiniel igual que otros seres de Gincea que hunden sus raíces en las zonas sólidas y en los humedales del planeta (los que son llamados vegetales por los humanos). Los linava mantenían el mismo tipo de sistema digestivo que sus ancestros comunes con los vintor, un sistema sencillo y eficiente, cuya función es obtener determinados minerales y otros componentes directamente del agua o de otros seres vegetales. Esta escasa dependencia de su entorno para la supervivencia, permitió a los linava crecer como civilización organizada en pequeños grupos sociales, que fomentaban relaciones de confianza entre ellos y mantenían su unidad cultural.

De antes de la bifurcación evolutiva no existían datos registrados, solo vestigios que indicaban que los linava eran unos seres muy antiguos en la historia de Gincea. Los primeros datos históricos legados conscientemente por los ancestros linava, databan de cierta época en que la bifurcación ya estaba muy avanzada. Estos datos hacen referencia a las relaciones entre los linava, antes de que los resultados de la evolución pusieran de manifiesto sus diferencias. Las dos ramas de seres linava convivían de forma armoniosa, respetando el entorno y respetándose mutuamente. Las necesidades de los nuevos linava eran cubiertas por los abundantes recursos existentes, hasta que estas necesidades superaron cierta masa crítica y la renovación natural era insuficiente.

La rama principal de los linava, los viejos linava, no fueron ajenos a la evolución natural que afectaba lentamente a todas las especies de Gincea. Con posterioridad a la bifurcación, sobre estos linava que se mantenían fieles a sus ancestros, apareció un lento proceso de evolución cerebral hacia formas distribuidas. Esto consiste en una potenciación del sistema nervioso, dotándose de centros de decisión localizados junto a los elementos del sistema motriz. Aunque no existen registros de aquella época, es fácil de intuir cómo fue el proceso. Poco a poco, generación tras generación, los linava se notarían más ágiles, más veloces, más capaces de decidir ante situaciones difíciles. El resultado final de la evolución es un linava dotado de un cerebro central (el tradicional) y otros cerebros localizados en puntos periféricos y articulaciones, formados por nódulos neuronales conectados con el cerebro central. Esta dotación de inteligencia distribuida, formada a través de los tiempos (calculan más de diez mil geriones), ha servido a los linava para enfrentarse con éxito a las situaciones más adversas y prevalecer entre todos los demás seres que habitan en Gincea.

Aparte del sistema nervioso, otros sistemas de los seres linava no han sido sustancialmente modificados por la evolución, salvo el sistema articular. Según se desprende de vestigios fósiles encontrados, parece que en los linava más antiguos, la membrana que une sus extremidades era parcialmente retráctil. Esta membrana, extendida, era su fuente de obtención de energía directa de Tiniel y su soporte cuando surcaban la atmosfera de Gincea. La evolución ha aumentado la capacidad que tiene esa membrana de retraerse, cuando no se requiere para sus principales funciones. Esta mayor capacidad de retracción permite mayor independencia al sistema articular y, como consecuencia, una agilidad mayor para los movimientos de las extremidades. Las otras funciones, las más importantes, se han mantenido inalteradas en el tiempo.

Mientras unos linava evolucionaban hacia seres más inteligentes, más ágiles y más autónomos, otros lo hacían en la dirección opuesta. En la medida en que se manifestaban las diferencias, las dos ramas linava se iban separando y formando grupos sociales independientes. Con el paso del tiempo fue inevitable que se consideraran civilizaciones distintas, sobre todo cuando los avances sociales, culturales y tecnológicos acentuaban esas diferencias: Los linava y los vintor.

Los linava supieron adaptarse a los cambios sobrevenidos poco antes de la nueva era. Estos cambios, propiciados en su mayor parte por las actividades de los vintor, se manifestaron en un corto espacio de tiempo. La evolución había hecho a los linava más fuertes que a los vintor, aunque la apariencia física inducía a pensar lo contrario. En realidad, los linava habían ganado en cerebro y los vintor en fortaleza física. Mientras el afán de los vintor era acaparar toda la energía disponible en el planeta, los linava les ofrecían tecnologías alternativas, aún poco eficientes en aquellos tiempos, pero que les permitirían amortiguar los efectos de los cambios que se estaban produciendo. Los vintor no aprovecharon el ofrecimiento porque afectaría a la velocidad de desarrollo de su civilización.

Relato corto escrito por Lucía Nante

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