GINCEA, LOS NUEVOS LINAVA

RELATO CORTO

nº 6 de la serie “GINCEA”

Dos condiciones fundamentales deberían cumplirse en toda civilización, como ocurría en la civilización linava, para tener garantizada su longevidad: La primera, la existencia de una fuerte conciencia de sí mismo de los individuos que la integran y la segunda, la autosuficiencia energética sin perturbar el equilibrio de su entorno. Ambas condiciones no eran independientes, siendo la segunda la que podría condicionar a la primera. Esta experiencia histórica de los linava sería determinante para trazar el plan de acción cuyo objetivo era la protección de ser humano. Por ello, es necesario explicar cómo fue esta experiencia en Gincea, que dio lugar a lo que hemos llamado “nueva era”.

En Gincea, desde muchos miles de geriones antes de lo que conocían como “nueva era”, habían convivido dos civilizaciones de seres inteligentes que evolucionaron por separado y se repartían tácitamente el planeta. En un momento dado, imposible de precisar en el tiempo, una rama de los linava experimentó algunos cambios evolutivos que determinarían drásticamente su futuro. La constitución física de estos linava se fue haciendo más pesada y su sistema digestivo más potente, en detrimento de su sistema de captación de la energía estelar. Las necesidades energéticas de este nuevo linava se hacían mayores, pasando a ser cubiertas por su sistema digestivo cada vez en mayor proporción. Los cambios físicos, internos y externos, eran imperceptibles entre una generación y la anterior, pero fueron progresando hasta que dejaron de reconocerse como una sola especie.

Los nuevos linava necesitaban aportar a su organismo una energía extraordinaria imposible de obtener de forma directa de su estrella Tiniel. Así se fueron haciendo físicamente más fuertes pero dependientes de otras especies para sobrevivir, favorecidos por la disponibilidad de energía en sus más variadas manifestaciones que les prodigaba Gincea. La expansión de esta variedad de seres linava agotaba los recursos de Gincea, hasta el punto en que su escasez determinaría ciertos cambios en el comportamiento de estos seres, sumados a los cambios físicos directamente derivados de la evolución. Ahora eran seres violentos, inconscientes y torpes, que solo mantenían en común con sus antepasados linava cierto grado de inteligencia.

La rama principal de los linava evolucionó por camino diferente, manteniendo la capacidad de utilizar de forma directa la energía estelar, lo que les confería autonomía energética y les hacía escasamente dependientes de otros seres de la naturaleza, y haciéndose más inteligentes, al evolucionar su cerebro hacia formas distribuidas. A pesar de estos aspectos diferenciales tan relevantes y otras diferencias en la forma física, que la evolución se había encargado de poner de manifiesto entre ambas especies, tenían en común la inteligencia que les serviría para comprender que deberían compartir el planeta que les daba cobijo. Los linava consideraban a sus parientes directos, a los que llamaban “seres vintor”, como a ellos mismos, pero mantenían la distancia y los respetaban. En Gincea había espacio suficiente para la evolución de ambas civilizaciones.

La evolución de la civilización vintor fue marcada por esa dependencia energética del individuo cada vez mayor. Las necesidades de alimentación de los vintor, unido a la creciente escasez de otros seres como recursos alimenticios, les hicieron organizarse en grupos que competían para conseguir alimentos. Esto determinó que el uso de la violencia fuera un factor de supervivencia, así como el uso de la inteligencia aplicada al desarrollo de tecnologías de apoyo a esa violencia. Los grupos sociales vintor crecían en tamaño y en rivalidad simultáneamente. Los primeros grupos que aisladamente competían por los alimentos, se irían uniendo movidos por la necesidad de mejorar su situación frente a otros grupos, que se traducía en dotar a sus individuos de capacidades (educación, formación, etc,) cada vez más diferenciadas y especializadas. Su tecnología evolucionó en direcciones marcadas por la necesidad de fórmulas de defensa, amenaza y agresión, de las que se derivarían otras aplicaciones orientadas al desarrollo de cultivos de diversas especies necesarias para su alimentación. Las permanentes luchas por los recursos del planeta eran un impedimento para organizarse en un solo grupo social y cultural. Estos factores determinarían la senda de progreso de los vintor, permitiéndoles crecer como civilización pero sin una identidad común. Las relaciones entre los diversos grupos se fundamentaban en la desconfianza mutua y su apego al respectivo pasado, generando sociedades y culturas diferentes, con graves problemas de entendimiento, que darían lugar a un frecuente uso de la violencia para resolver sus permanentes conflictos. Sus relaciones con los linava eran prácticamente inexistentes, limitándose a respetar los espacios en que tradicionalmente se habían desarrollado ambas civilizaciones. Los linava, debido a su autonomía energética, no constituían ninguna amenaza para los vintor ya que no competían por los recursos disponibles.

Los vintor no fueron capaces de superar los efectos que la evolución había tenido sobre los individuos. Antes, autosuficientes energéticamente, con una prevalencia del individuo frente al grupo y dotados de una fuerte conciencia individual. Ahora, la dependencia energética les obligaba a competir por los recursos, organizados en grupos que fundamentaban su progreso en la fuerza que eran capaces de imponer. La desconfianza había hecho su aparición como factor de supervivencia, trasladándose del grupo al individuo. Por ello, la falta de autosuficiencia energética es causa (al menos en buena parte) del declive de la conciencia individual.

Relato corto escrito por Lucía Nante

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2 pensamientos en “GINCEA, LOS NUEVOS LINAVA

    1. admin Autor

      Hola Carlitos, la serie de los relatos cortos de Gincea están más orientados a los papás que a los niños, pero tienes muchos muchos cuentos infantiles para tu edad. Te seguimos viendo por aquí!! Saludos

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