GINCEA DECRETA LA OBSERVACION DE LA TIERRA

RELATO CORTO nº 2 DE LA SERIE “GINCEA

Inmediatamente después de que el Comité de Observación de otros Mundos hubiera decretado que el planeta Tierra sería observado y sus habitantes protegidos, los tripulantes de la nave linava se dispusieron para iniciar la observación y toma de datos del nuevo planeta descubierto. Estos navegantes del espacio galáctico estaban preparados para estas eventualidades y su nave dotada de todo lo necesario para acometer su trabajo. Las naves linava eran como ciudades con la autonomía necesaria para estar lejos de Gincea el tiempo preciso.

En la extensa lista de planetas habitables descubiertos por los linava, no existían precedentes de haber encontrado vida con el grado de desarrollo que presentaban los humanos en su planeta Tierra. Casi un gerión antes de aproximarse a este planeta, una de las sondas que los linava tenían por toda la galaxia para la exploración espacial, había informado sobre una alta probabilidad de que la Tierra fuera un nuevo planeta habitable para ellos y que, además, existiera algún tipo de vida. La tecnología de los linava les permitía utilizar estas discretas sondas automáticas dotadas de dispositivos de análisis de los elementos que ellos consideraban necesarios para la habitabilidad de un planeta y para verificar la existencia de alguna forma de vida.

Al confirmarse la existencia de vida inteligente, los linava habían iniciado el proceso de aproximación a la Tierra tomando todas las precauciones para no ser descubiertos. La nave de Gincea se había posicionado a cierta distancia de la Tierra, siguiéndola en su orbita alrededor de su estrella, a la que los humanos llamaban Sol. El Sol era una estrella más pequeña que Tiniel, la estrella de Gincea. A pesar de la distancia y de las precauciones tomadas, no podían estar seguros de que los humanos no detectasen su presencia, ya que aún desconocían los detalles de su tecnología en asuntos extraterrestres. No ignoraban que los humanos disponían de sondas alrededor de la Tierra y que algunas estaban explorando su sistema estelar e incluso viajando fuera de él.

La existencia de esas sondas de tecnología terrestre aportaba mucha información a los linava, solo con analizar las señales que intercambian con la superficie de la Tierra y entre ellas. De esta forma recopilaban datos que les permitían conocer todos sus acontecimientos actuales y, además, ciertos acontecimientos de su pasado. La gran cantidad de información obtenida, previamente filtrada por los interpretadores de la nave, debería ser procesada en los Centros de Investigación de Datos de Otros Mundos (dependientes del COM) que estaban localizados en Gincea. La tecnología de los linava les permitía captar la información sin apenas interferir en ella, por lo que tenían asegurada la discreción necesaria. Los equipos de interpretación se encontraban ante nuevos retos debido a la complejidad de la información que deberían procesar. Normalmente trataban datos procedentes de análisis físicos, químicos, biológicos, eléctricos y otras radiaciones naturales que, por su coherencia, rápidamente eran interpretados. Así era para una pequeña parte de los datos tomados de la Tierra, pero los datos generados por la actividad de los seres humanos eran muy numerosos y contradictorios entre sí, al menos esa era la primera impresión de los linava responsables de la interpretación.

Una de las primeras sorpresas de los linava fue descubrir que los humanos empleaban gran cantidad de lenguajes diferentes para comunicarse entre ellos, así ¿cómo iban a evolucionar social, económica y tecnológicamente? Esto era un obstáculo para avanzar en la interpretación, ya que debían analizar varias fuentes de información, interpretarlas y filtrarlas para su envío a Gincea. No constituía un problema, únicamente les llevaría más tiempo. La historia de los linava anterior a la “nueva era”, describía algo parecido en sus primitivas civilizaciones, pero no hasta el extremo de lo que estaban descubriendo: Los humanos defendían, incluso con la fuerza, el mantenimiento de las formas de comunicarse de sus antepasados. Al menos, así lo estaban interpretando los linava. Sin embargo, la situación científica y tecnológica de los humanos resultaba sencilla de conocer debido a que el soporte, en su mayor parte, estaba constituido por solo un lenguaje. ¿Cómo los humanos no habían trasladado esto a otros aspectos de su convivencia? Se preguntaban los linava.

Los humanos aparentaban estar tecnológicamente muy avanzados, aunque sus relaciones y formas de convivencia no parecían coherentes con ese avance. Permanentemente tenían conflictos entre diferentes grupos, cada uno anclado en su concepción de las relaciones humanas. Aún estaban distantes de reunir las condiciones necesarias para una auténtica convivencia que les llevara por la senda del progreso. En realidad, así lo consideraban los linava, aún estaban en el estadio de lucha por los recursos, típico de las sociedades primitivas. Para los linava, la senda del progreso es la que iniciaron cuando fue constituida la “nueva era” en Gincea. Antes tuvieron que comprender que sólo desde la cooperación, unión de las fuerzas y concepciones de la ética y de la vida uniformes, podrían avanzar como civilización. El gran avance, para que la “nueva era” fuera posible, fue la adopción de un conjunto de axiomas que serían el fundamento del diálogo entre todas las naciones linava. Este conjunto de normas básicas para la convivencia de todos los seres linava fue lo que generó el concepto de “Etica Universal”, que a su vez propició la unión de todas las fuerzas en una sola dirección: El Gobierno Unico.

 

FIN

Cuento escrito por Lucía Nante

Relatos cortos de la serie Gincea:

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