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EL PRINCIPE Y LA ROSA ROJA

Autora de este cuento infantil: María Abreu

Había una vez un joven príncipe que era muy gruñón, gritaba e insultaba a las personas, y por tanto tenía pocos amigos.

Una noche cuando él estaba solo en su habitación, se le apareció un hombre sabio y le entregó unas semillas en las manos diciéndole:

- En tus manos entrego estas semillas, tú eres el responsable de saber qué quieres sembrar en tu vida.

El príncipe gruñón muy sorprendido, abrió las manos, empuñó las semillas, y minutos después, se quedó dormido.

Al día siguiente se le ocurrió la idea de aprovechar el comienzo de la primavera, se fue al jardín del palacio y sembró las semillas que le había entregado el hombre sabio. Luego pasaron unos días y en su jardín comenzaron a crecer unas rosas feas, marchitas y sin olor fragante.

Cuentos cortos - El principe y la rosa

El príncipe gruñón veía que las rosas de su jardín eran marchitas y pensó que la culpa la tenía el hombre sabio por no entregarle las buenas semillas. Así que siguió con su mala conducta y con su egocentrismo.

Una tarde, el príncipe gruñón caminaba por la calle de la ciudad y le llamó la atención que la mayoría de las rosas que veía en la calle eran de lindos colores y de fragantes olores.

Se marchó al castillo y entró en su habitación muy pensativo. Minutos después se le apareció nuevamente el hombre sabio diciéndole:

- Tu corazón es un jardín, y es ahí, donde debes decidir cuáles son las cosas que quieres sembrar.

El príncipe gruñón reflexionó toda la noche con las palabras del hombre sabio. Así que al día siguiente comenzó a ser amable con los demás, a ayudar a las personas y a tratarlas con amor.

Una mañana entró en el jardín del castillo y sorpresivamente descubrió que todas las rosas estaban muy coloridas y destilaban un olor muy agradable.

El príncipe sonrió de felicidad y comenzó a caminar hacia ellas; pero vio algo extraño, una hermosa rosa roja temblaba de frio por las gotitas de aguas del rocío de la mañana. El príncipe de acercó, se agachó y la abrigó con sus manos.

En ese instante la rosa roja se convirtió en una hermosa mujer. El príncipe muy feliz la observó y ambos se abrazaron, se enamoraron y después de un tiempo se casaron y fueron muy felices.

Al final el príncipe comprendió, que es mejor cultivar cosas bonitas en el jardín del corazón.

FIN

 

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