ADELA SOLO QUIERE SER FELIZ

Cuento Infantil para niños y niñas

Adela era una nube pequeñita y solitaria. No tenía amigos y hacía tiempo que no era capaz de absorber agua y tampoco de descargar la poca que le quedaba. Las otras nubes no la querían a su lado porque no les ayudaba en sus tareas. Cada vez que Adela intentaba acercarse a ellas, solo conseguía cabrearlas y ocasionar alguna que otra tormenta. Vicente, el viento, se negaba a desplazarla de un lado a otro porque no quería desperdiciar sus fuerzas con una nube tan esmirriada. A Julio, el sol, le irritaba que siempre estuviera en el cielo sin moverse de un mismo lugar, provocando una pequeña y molesta sombra sobre las montañas calvas.

Adela no sabía lo que le pasaba y, como nadie le hacía caso, no tenía a quien preguntar. Había intentado hablar con sus compañeras, las otras nubes, pero cada vez que Adela se les acercaba, la empujaban y la mandaban lo más lejos posible.cuentos-infantiles-cortos-vive-como-constanza-nina

Una noche, Adela decidió ir a hablar con la Luna, ya que todos la consideraban la más sabía del firmamento. Tras contarle lo que le pasaba, la Luna le dijo:

Estás tiste y abatida porque no puedes realizar las tareas propias de una nube. Además, como no tienes amigos, estás sola y la soledad no es buena para nadie. Si las estrellas no me acompañasen cada noche, yo también me sentiría sola y mi luz no brillaría con tanta energía. Creo que debes esforzarte en ayudar a tus compañeras y demostrarles que tienes tantas ganas de trabajar como ellas. Seguro que si lo intentas de verdad, conseguirás llenarte de agua y podrás colaborar con tus compañeras que, seguro, te volverán a aceptar.

Sí eso es lo único que quiero: ser útil y tener amigos.

Piensa que la labor de las nubes es muy importante. Lleváis agua para beber, para regar los campos, para llenar rios y pozos, limpiar montañas… El agua es un bien escaso y los humanos la necesitan más que nada para vivir. Y no te esfuerces por conseguir amigos a toda costa, los buenos amigos llegan cuando menos te lo esperas y se quedan a tu lado siempre que los necesitas.

Gracias por ayudarme, Luna. Mañana mismo me esforzaré en hacer mis tareas. Intentaré descargar el agua que me queda en algún lugar donde la necesiten y después comenzaré un nuevo ciclo de carga y descarga de agua. No voy a desanimarme nunca más. Quiero ser una buena nube.

Por la mañana Adela se sentía muy contenta y optimista.

Voy a buscar un lugar donde descargar el agua que tengo. Pero para eso necesito la ayuda de Vicente.

Llamó a Vicente y le pidió ayuda para poder realizar su tarea.

Al principio Vicente se burló de Adela pero, tras ver lo convencida que estaba y las ganas que tenía de trabajar, decidió ayudarla.
Vicente comenzó a soplar y Adela empezó a desplazarse suavemente por el cielo, buscando un lugar donde su agua fuera necesaria.
Pasó sobre un rio sin agua, lleno de piedras y ramas secas, y pensó en descargar allí, pero Vicente la convenció para no hacerlo. El poco agua que llevaba no serviría de nada en un rio tan seco.

Siguió avanzando y paso sobre un pequeño desierto, pero Vicente le volvió a indicar que no era una buena idea. De repente se posó sobre una pequeña granja, donde una niña susurraba a una planta muy seca y esmirriada.

Lo siento mucho, plantita. Pero no tengo agua para ti. Hace tiempo que los pozos de la zona se han secado y no hay agua para regar. Solo disponemos de una pequeña cantidad y es para beber.

Adela oyó a la niña y no se lo pensó dos veces. Se acercó hasta una pequeña balsa que había junto a la casa y descargó toda su agua allí.
La niña se puso muy contenta. Cogió un cubo, lo llenó, y dio de beber a su planta.

Adela se quedó débil y vacía, pero la alegría de aquella niña le dio fuerzas para ir a buscar un lugar donde llenarse de agua y volver a descargar sobre aquella granja.

Desde ese día, Adela y aquella niña se convirtieron en amigas inseparables.

Adela se quedó por la zona repartiendo su agua con regularidad. Nunca más se sintió una nube inútil y acabó rodeada de un montón de amigos, niños y no tan niños, que le contaban historias y la invitaban a sus fiestas como si fuera uno más de la familia.

De vez en cuando la visitaba alguna nube con problemas para pedirle consejo y Adela siempre estaba dispuesta a escuchar y ayudar.

Cuento infantil escrito por: Mª José Aparici

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