APRENDIENDO A SER MAMÁ: PSICOLOGÍA DE LAS MADRES

Todas las madres la primera vez que lo son, experimentan una serie de cambios que ningún médico y ninguna madre, aunque sea la propia, son capaces de aliviar o solventar. La madre primeriza se encuentra bajo un estado de presión absoluta cuando cada día ve crecer en su interior una personita, que sabe que al nacer, necesitará de su ayuda cada segundo de su vida.

La cantidad de cosas que las madres han de aprender en cuestión de años es una larga lista de actividades que van desde como respirar en el momento del parto, hasta como explicarles a los hijos su origen en el mundo.

Siempre será de abundante ayuda, el apoyo que recibas de tu pareja, ya que si bien el grueso de los cuidados y educación de los hijos lo llevan las madres por circunstancias personales de cada uno, la labor de un padre se hace fundamental a la hora de permanecer de guardia cuando uno de los dos se encuentra en su momento de descanso.

Todo esto abre un amplio abanico de temas susceptibles de aprender sobre la marcha y según la experiencia vital de cada una, ya que por mucho que se haya leído sobre la maternidad, al final lo que cuenta es el minuto a minuto, y la práctica que esto conlleva.

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JORNADA INTERMINABLE DE CUIDADOS

Ser madre es una aventura preciosa, en la que afloran tanto buenos momentos como crisis de todo tipo. Es importante dejar bien claro que no se trata de un viaje en globo admirando paisajes montañosos y con la temperatura perfecta.

Al contrario que cualquier trabajo fuera de casa, donde la jornada consta de 8 horas diarias de lunes a viernes, ser madre implica 24 horas de lunes a domingo, sin descanso ni tregua siquiera para darse una ducha o tomar un desayuno energético por la mañana, lo cual puede llegar a agotarte de una forma insospechada, con las consecuencias que esto puede tener para ti misma y tu entorno más cercano.

Y a pesar de prepararte antes del nacimiento de tu hijo, es la vivencia lo que te hará entender la vulnerabilidad de ese ser que ya quieres antes de nacer. Ya que habrá noches que no habrás pegado ojo, y días de cólicos, y otra vez noches de hambre, y de vuelta, días de risas, por lo que entras en un bucle de cansancio continuo, al que terminarás acostumbrándote, pero donde el periodo de transición hasta conseguirlo se hará duro y necesitarás apoyo constante.

SIEMPRE SERÁS MADRE

Parece que los primeros años se vuelven más cansados y agotadores, pero cada etapa del niño tiene unos desgastes. Al principio, estarás cansada porque apenas dormirás, se te juntará la toma de la noche con el cambio de pañal de la madrugada, y con el desayuno recalentado del día siguiente. Todo esto te ocasionará grandes momentos de desesperación, incomprensión y cansancio, pero siempre sabrás que lo vas a superar por tu hijo, que es tu motor en esos momentos.

Cuando crecen un poco más, comienzan otras preocupaciones, que no se caiga jugando en la calle, que aprenda a hablar correctamente, que sepa comportarse en la mesa, que aprenda a valorar a los demás y a ser empático. Todas estas cosas, de una forma u otra también producen cansancio. La sensación de disco rayado que tendrás te aburrirá a ti misma, y la imagen de ogro que desde fuera pueden atribuirte, es la que con el tiempo, tu hijo te agradecerá por haber estado siempre pendiente de su educación, su continuo aprendizaje y su gran personalidad sana y buena.

Las épocas de preadolescencia y adolescencia son también bastante complicadas, donde el sueño se quitará por problemas relacionados con las compañías de los hijos, por si consumen drogas, o por tener pareja desde muy jóvenes.

Ser madre se aprende durante toda la vida, y ese camino estará lleno de gratificaciones, disgustos, cansancio y estrés, pero digamos que es la única carrera de fondo que no permite abandonar, y que cada día hará de ti, como madre, una persona más madura, confiada y con total seguridad, la mejor madre del mundo.

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